La Sustancia, una carta de odio a Hollywood

Demi Moore como Elisabeth Sparkle

Hace algún tiempo vi un cortometraje de poco más de veinte minutos con una versión retorcida e interesante de la Cenicienta, que por desgracia es la historia principesca que menos me gusta de Disney; de alguna forma me debió de decir algo que ver esta construcción Bella-Bestia me llamara más la atención, ya no sólo por la trama o por el cuento sino por una especie de fascinación por los monstruos. 

En aquel entonces no sabía que Reality+ (2014) pertenecía a Coralie Fargeat, así como tampoco me imaginé que Revenge (2017) lo fuera… Desde Reality+ Coralie parece haber estado fascinada con el tema de los dobles y esta obsesión por “convertirte en tu mejor versión”. 

Pero, en Revenge, aunque sigue adaptando tramas ya vistas a través de su perspectiva, toma también otros elementos del género de terror, y entregó una película con una estética medio surrealista, chorros de sangre, una protagonista a lo Tom Ryder con un agujero en el estómago y, desde mi punto de vista, le hace una serie pero burlesca crítica a las tramas de los videojuegos en los que se caricaturiza la violencia a las mujeres. 

Cuando supe que ambos trabajos eran de la misma directora de La Sustancia, volví a verlos y entendí que Coralie sabe lo que quiere y, lo mejor de todo, cómo lo quiere proyectar. 

Para mí La Sustancia es un escupitajo a Hollywood y, además de suscribir y secundar esta queja junto con Coralie Fargeat, pretendo exponer por qué siento que ha dado en el clavo, a pesar de los señalamientos acerca de que es una peli que no cuenta nada nuevo, que es básica, que blablablá. 

Ojo, tampoco creo que La Sustancia haya pretendido ser una carta magna, y esto lo podría casi apostar porque, ya habiendo visto los tres más reconocidos trabajos de Coralie, creo poder interpretar con gusto que la mujer no es pretenciosa y que no quería mandar mensajes que no conociéramos: sólo pretendía hacerlo a su manera. 

¿Nos gustó? Muchísimo. 

No se preocupen por leer tecnicismos que yo no soy experta: estudio y trabajo en el sector editorial, en literatura de ficción, pero siempre he sido fanática del cine de horror y más últimamente que disfruto las películas atrevidas que al menos intentan salirse del canon y romper cosas. 

La Sustancia es, a gran escala, un verdadero espectáculo de los excesos y, siento, la visión femenina de los mismos temas que ya tocó Cronenberg, esto ahora muy a lo Dorian Gray en lugar de Frankenstein (por ratos) y con una lente curiosa y feminista: porque sí, es pertinente hablar de misoginia, cosificación, y otras muchas cosas. 

Miren, este no es un postulado ni una tesis, pero me tomé en serio la película porque me encantó y cuando a mí me encanta algo, entro también en estos bucles de querer saber cosas en torno. Sobre la filmación, sobre la directora, sobre el cast, y tras una exhaustiva lectura y recopilación de datos que no me pienso quedar para mí solita, voy a proceder a ilustrar.

Antes de comenzar, cada referencia estará enlazada en su específica mención por si quieren husmear un rato en ñoñadas sobre el cine de terror, su evolución y la manera en la que se hizo un hueco en el cine hasta llegar a lo que hoy en día está tratando de hacer A24 con el cine hag, del que hablaremos más adelante. 

Por favor, síganme en el blog si les interesa seguir leyendo cosillas por el estilo, y si les place también en Instagram que hablo de libros y de mis gatos. 

Ahora sí…

Body Horror en tres actos

Yo de Ginger Snaps (2000) aprendí que la manera en la que las mujeres vemos nuestro cuerpo puede llegar a ser muy violenta. ¿Se acuerdan cómo los dolores menstruales le activaron a Ginger su instinto lobuno? Ahora que pienso en ello, no puedo evitar traer a colación la película de Megan Fox, Jennifer ‘s Body (2009), porque pasa algo similar con esa cinta. 

Al parecer el ritual de los cantantes que intentan sacrificar a Jennifer y arrojarla al pozo ese de Belcebú, sale mal porque ella les miente y dice que es virgen cuando no es verdad. Los tipos sí consiguen lo que querían al hacer ese pacto con el diablo pero les sale caro el karma. 

Jennifer no muere en el sacrificio sino que se convierte en un híbrido de demonio, una suerte de vampira cuyos más bajos instintos se activan cuando tiene hambre; luego, cuando está en plena menstruación, la vemos abatida y sin poder mover un dedo y lo único que sacia su sed es básicamente la sangre de los hombres que la ven como a un objeto sexual. 

En La Sustancia, cuando Harvey está comiendo en el restaurante con Elísabeth, apunté a la pantalla mientras un primer plano de su rostro y sus muecas al masticar los camarones se posaba frente a nosotros (estábamos mi mejor amiga, mi novio y yo); “así es como nosotras vemos a los cerdos”, les dije. Pero si lo pienso, mi primer flechazo con esa escena fue que yo había visto eso antes. 

Tuve un tiempo en el que era consumidora de contenido ASMR, más específicamente de shows de mukbang, estos canales o programas en los que la gente se sienta a comer frente a la cámara. Después de la pandemia, las cantidades de comida que ingerían los mukbangueros se tornaron insanas y me superó la cantidad de ruidos. 

Ver la cara de Harvey así de cerca y escuchar sus sonidos guturales tan próximos, fue igual de invasivo, pero esto es algo que Coralie creo hizo a propósito porque si un elemento es notorio en La Sustancia es que toda la película está retratada desde una marcada perspectiva femenina. 

Y bueno, me queda bastante claro que le encanta referenciar, incluso sus otros trabajos:

Vimos tres actos, primero el de Elisabeth, una mujer en sus cincuenta que está viendo el ocaso de su carrera como estrella de Hollywood. De hecho, la primera escena que vemos cuando arranca la película, es la de su estrella en el paseo de Hollywood y un acotado pero doloroso paso del tiempo por encima de ella. 

Elisabeth está interpretada por Demi Moore, una consentida de la industria que además hizo películas como Striptease (1996) y Una propuesta indecorosa (1993), así que la imagen que tenemos de ella es la de una mujer espectacularmente bella. Para todos nosotros, Elisabeth sigue siendo hermosa, pero la narrativa de la película no nos deja olvidar que su carrera ya se terminó. 

Harvey le hace un desagradable comentario y le insinúa que como pronto va a dejar de percibir el periodo menstrual, lo indicado es que se retire. La cara de póquer de Elisabeth la hemos puesto muchas de nosotras desde que entramos al mundo. Ya sea por a o por be, nunca falta que aparezca alguien (incluso a veces una mujer) y te recuerde que estás muy vieja para tener hijos, para comenzar una carrera o para prolongarla en el tiempo. 

En el caso de Coralie me parece que está dirigiendo y escribiendo películas que no se supone que vieran las mujeres, no al menos en sus tiempos de infante. Como sea…

Ese primer plano de Denis Quaid masticando como cerdo representa la manera en la que, desde la perspectiva femenina, se ven estas personas que creen saber cómo funciona nuestro cuerpo y que, además, nos desechan o reemplazan cuando dejamos de serles útiles (todo esto muy asociado a nuestra edad fértil, eh). 

¿Se acuerdan del regalo que le dio para despedirla? ¡Tarán! Un libro de cocina…

Este personaje podría ser perfectamente cualquiera, lo admito, es algo que valoré mucho en La Sustancia; es un film polarizado pero no intenta demeritar las experiencias de los hombres en la industria tampoco. 

Acá aparecen dos tipos de varones: el incel (vecino de Elisabeth) y el cerdo-de-Hollywood. Bueno, más bien tres: también el softboy, aunque eso está a discusión porque el antiguo compañero de Elisabeth es un mero instrumento que sólo aparece una vez. 

Dos si contamos el recuerdo de Elisabeth cuando estaba sintiéndose como la mierda y necesitaba que alguien la validara y la hiciera sentir bien con ella misma. 

Repito: luego se miró al espejo. 

En la escena en la que Sue rompe por primera vez las reglas y le deja un dedo momificado a Elisabeth, pensé “bueno, esto va a terminar lo que le sigue de mal”, y aun así no podía evitar reírme porque el nivel de violencia que manejaba Elisabeth para consigo misma, respondía al desagrado que sentimos al vernos en el espejo (no importa si eres hombre o mujer). 

Ese es otro de los aspectos más ricos de La Sustancia, que sí, su mensaje fue simple si le quieren llamar así, pero en realidad, la perspectiva femenina y polar le da un toque agresivo hasta la absurdez: porque un poquito se siente así envejecer y, dependiendo del día, vas a ser más o menos consciente de las partes de tu cuerpo que más inseguridad te causan. 

Lo del vestido rojo de Elisabeth lo discuto más tarde porque es una de las más claras referencias que hay en la película y merece su propio apartado. 

Ahora… Sue. 

Le comentaba a un conocido que Margaret Qualley había estado como protagonista en la serie de Netflix, Maid (2021), y que también la vimos en una pequeña aparición en Poor Things (2023)

Lo triste es que para muchos la película cuenta porque Margaret es bella (en serio, la cantidad de edits lascivos que vi sobre ella es horrenda), pero me parece que señalarla sólo por ser bonita sería un despropósito, aunque también podríamos especular que si La Sustancia fuera una tesis sobre cosificación, con este club de fans que le surgió a Margaret se probó a sí misma y no necesita defensa frente a ningún comité.

En cuanto al cuerpo de Sue lo que vemos es perfección, pero de una forma tan estrambótica, al menos para mí, que te hace querer detener la película; recuerdo haberle dicho a mi amiga que no iba a estar preparada para usar un bikini en una larga temporada. Y tampoco, honestamente, sé si quiero verlos. De todas maneras, el cuerpo perfecto de Sue es algo característico del cine body horror, aunque a la inversa. 

A este respecto Margaret Qualley le dijo a Vogue:

Creo que por una razón le llaman horror corporal, estaba intentando encarnar físicamente algo que era inalcanzable, me pegaban cosas, me ponían cintas, tiraban y ajustaban…

Es algo irónico que hayan decidido ponerle prótesis a Margaret en algunas partes del cuerpo para resaltar tanto su juventud como su perfección corporal, siendo que en el body horror uno ve salir órganos sexuales incluso de los lugares más inesperados. 

Esta específica relación la desarrollan más ampliamente Xavier Brito y Ana Sedeño en su análisis La Mosca: La ciencia y el body horror en el cine de David Cronenberg, en el que señalan que la Nueva Carne dibuja al cuerpo desde el marcaje, la hibridación, la deformación y la transformación monstruosa.

Yo sé que están pensando en esa escena de La Sustancia en la que una teta brota de un ojo, o la principal en la que una persona “nace” de la columna vertebral de Elisabeth… 

Aunque Sue no era un personaje complejo, muchos se olvidaron del elefante en la habitación: que Sue y Elísabeth eran la misma persona. Y no sólo Elisabeth se olvidó de que ambas eran una, Sue lo hizo primero; en Sue vimos encarnada a la parte de Elisabeth que estaba dispuesta a todo con tal de no envejecer, justo como Mad y Hellen en Death Becomes Her (1992).

El cuerpo de Sue, a través de una estética muy ciberpunkiana, no se presta para reinterpretaciones: Coralie quería que la miráramos, pero siento que, como en Revenge, estaba satirizado; de ahí la metamorfosis del final, que cumple el ciclo de la mutación kafkiana (en el que la aceptación es el último escaño, incluso si eres un bicho asqueroso). 

Si bien se habían separado en cuerpo, Sue no podía existir sin Elísabeth porque recuerda que eres una. 

Cuando lo analicé esto me sonó a cátedra de estas nuevas corrientes de espiritualidad, con el pachamama y todo eso; no sé si Coralie lo hizo a propósito pero la voz y las cosas que le decían a Elisabeth, become a better version of yourself, sonaban a las cosillas que impartieron a principios de los 2000 en El Secreto y esta cosa terrorífica de las pseudociencias que no terminan haciendo otra cosa más que fragmentando la identidad. 

A Sue se le olvidó el pequeño detalle de que Elisabeth, de alguna manera, la había parido. No sé si es una locura pero algunas personas vieron en esta dinámica una especie de complejo materno; lo asocian también por la escena en la que, después de nacer de su vértebra, Sue comienza a alimentarse de ella. 

Si lo decimos así, podría ser. 

Podría ser que ese momento ASMR, cuando Elisabeth está cocinando, ya bien adentrada en una espiral de locura, sí simbolice los celos que algunas madres sienten por el éxito y la juventud de sus hijas. 

¿Ustedes qué opinan? 

En torno a la violencia que Elisabeth ejerce sobre sí misma, debo admitir que es el reflejo de cómo lo externo nos llega a controlar, incluso hasta que rompemos nuestra propia identidad. 

De igual manera podríamos decir que la perspectiva femenina fue lo que hizo que funcionara, pero hay quienes creen que en lugar de enfoque feminista La Sustancia forma parte de esta nueva ola de pelis del subgénero hag (de hagsploitation) que comenzó estudio A24 con X (2022).

Feminismo o hagsploitation

What ever happened to Baby Jane? (1962)

En una vieja mansión de Hollywood, una estrella infantil que ha envejecido atormenta a su hermana (una superestrella en el cénit de su carrera). Protagonizada por Bette Davis y Joan Crawford, What ever happened to Baby Jane?, es una película de 1962 dirigida por Robert Alrich y basada en la novela homónima de Henry Farrell. 

Una de las razones por las que esta película fue tan aclamada en su momento, se debe a que en teoría revivió la carrera de ambas actrices, que habían estado aparentemente en eterna competición, dándole a Davis su última nominación a los Premios de la Academia. Además, básicamente creó este subgénero del terror, denominado psycho-biddy. 

También conocido como hagsploitation

Desde entonces, el cine hag ha tenido un montón de detractores que argumentan que proyecta a las mujeres mayores de cincuenta años de una manera errónea, arrojándolas al vacío de los estereotipos y casi rozando la ridiculización. 

En Baby Jane, el personaje de Joan envidia a su hermana por el éxito que está consolidando su carrera y por la terminación de la suya, aunque desde mi perspectiva juega mucho con la comedia negra así que hay detalles que no creo que sean ridículos per se, sino que son así porque, precisamente, se está tratando de contar algo sobre el envejecimiento. 

Tanto en Baby Jane como en Death Becomes Her y otras del subgénero hag, las protagonistas se enfrentan a conflictos internos, the self versus the self, aun cuando el enemigo en ambas parece ser otro de afuera (en What Ever, Blanche es la enemiga de Jane, en Death, Hellen y Madeleine son enemigas mutuas). 

La principal crítica al hagsploitation dice que caricaturiza los conflictos en torno al envejecimiento de las actrices, pero las más simbólicas pertenecían a Bosley Crowther de The New York Times, que en una extensa opinión dijo sobre Jane y Blanche, que «no hay nada particularmente significativo acerca de estas dos». 

Phillip K. Scheuer de Los Angeles Times escribió que tanto Davis como Crawford habían sido convertidas en caricaturas de sí mismas, mientras que Variety aclamó la cinta1 y dijo que además del tobogán de emociones, Davis se llevaba todo el crédito con su forma de representar un descenso a la locura. 

Las semejanzas temáticas de la trama entre Baby Jane y Death Becomes, van más allá de su tono satírico y algunas de las elecciones técnicas (que también vendrían a ser referencias, por supuesto). 

En Baby Jane, Jane tiene que ver su carrera venirse a menos cuando su hermana Blanche no sólo obtiene más amor y éxito, sino que además, trabaja únicamente porque ésta le consigue papeles. 

Después de un terrible accidente que deja paralizada a Blanche y en una terrible posición a Jane, ambas terminan viviendo de las regalías de Blanche y viven juntas en la mansión en la que se desarrollan los eventos. 

Bueno, si vieron Death Becomes se imaginarán cuáles son las similitudes entre ambas, pero si no, lo cierto es que de las pocas discrepancias que hay encontramos la resolución. 

En Death Becomes Her, Madeleine y Hellen son dos… ¿amigas?, que compiten entre sí hasta literalmente la muerte. Una de las escenas más criticadas y menos entendidas de La Sustancia es precisamente una referencia a la batalla “final” entre Mad y Hell. 

Véanla si no saben de qué hablo (pista: está en el tercer acto). 

Aquí vamos: Death Becomes Her está dirigida por Robert Zemeckis, es una sátira surrealista, comedia negra, de 1992 (el año en que nací, já), que cuenta la historia de dos mujeres que compiten por la atención de un hombre (no recomendado en 2024) y beben una poción mágica que les da eterna juventud… ¿Les suena? 

Madeleine es una estrella de teatro y cine con poco talento constantemente acusada de vulgar, sobre todo por su amiga/conocida Hellen, con quien compite en casi todo y a quien “le roba” el prometido. 

Años después, Madeleine y Ernest (el ya-no-tan-prometido de Hellen) están casados, se odian uno al otro, y viven en una vieja mansión de Hollywood que sostienen del trabajo de él (maquilla muertos famosos). 

Por su lado, Hellen está depresiva, con obesidad y fantasea con asesinar a Madeleine, con la que se obsesionó y por la que acaba en un psiquiátrico. 

Cuando su propia terapeuta se cansa de su obsesión por Madeleine, Hellen descubre cómo vencer a su archienemiga y en un no-tan-inesperado-giro de los eventos, reaparece en la vida de los otros dos, pero ahora con un libro best-seller (Eternamente Joven), esbelta y vestida con un sexi vestido rojo. 

Tras encontrarse, Hellen y Ernest planean deshacerse de Madeleine, y ahí descubren el lado amargo de la poción; la película aprovecha esto de la poción y el culto de la juventud para bromear y criticar la obsesión de Hollywood con la juventud, la belleza y todo eso, enfrentando a las protagonistas hasta que estas se matan entre sí. 

Otra vez… ¿Les suena? 

Cuando Madeleine se mira al espejo antes de salir de la casa de Leslie después de haber tomado la sustancia, digo, la poción, ve cómo se le vuelven firmes los glúteos, los senos y cómo los rasgos de su rostro, que había pasado continuamente por el bisturí, retomaban su belleza de los treintas. 

El terror que Mad tenía a envejecer estaba ligado a su conciencia de que era todo lo que la convertía en ella misma. Hellen y su familia la consideraban vulgar por no ser intelectual y por, aparentemente, no pertenecer al mismo estrato social que ellos, así que ser bonita y joven era lo que hacía que Madeleine fuera una «verdadera mujer». 

En español, luego de darle la espalda a su reflejo rejuvenecido, Mad dice:

—No puedo creerlo. ¡Soy una chica! 

Para una actriz (y para muchas mujeres) esta es la verdad de su vida. 

Aparte de esta, hay muchas otras razones por las que creo que Death Becomes Her es una de las grandes referencias de La Sustancia, pero lo desarrollaremos en seguida junto con las restantes (o al menos las que yo alcancé a distinguir). 

Para ser honesta no creo que el hagsploitation intente ridiculizar nada, pero lo diferente en La Sustancia es la visión femenina así que nos llevaría horas especular qué sí y qué no es ridiculizar lo femenino. 

Si ustedes tienen una idea mejor, los leo. 

Una película reciente a la que se le atribuye el regreso del cine hag es X, protagonizada por Mia Goth, dirigida, escrita y producida por Ti West. 

La empresa A24 ha traído varias películas que proponen nuevas visiones del terror, algunas han sido muy bien recibidas y otras… pues no tanto. En cuanto a X siendo objetivos creo que no falla en su intento de transmitir horror. 

Porque siento que sí que expone cómo todos están emocionados si se trata de verle las tetas a Mia, que es joven y no tiene una arruga ni celulitis, pero les dio tremendo asco cuando una anciana empieza a hablar de deseo, sexo y juventud. 

«Una vez fui como tú», le dijo la mujer al personaje de Goth, mirándola con cierta invasión y procediendo a invadir también físicamente. Antes de asesinar al camarógrafo, la mujer le pide «mírame como la miras a ella», refiriéndose a Goth en la escena de su película pornográfica. 

La pérdida de las facultades corporales básicas y la falta de autonomía es uno de los temas centrales de la historia, pero sí discrepo con los que dicen que Ti abusó del tema y volvió a incurrir en la caricaturización de la senectud, el anhelo de juventud (envidia) y la locura a que dirige: me atrevo a asegurarlo porque el anciano también tiene su arco de viejo que envidia al joven. 

Si no vieron la película, háganlo y me cuentan. 

Para mí, X sí proyecta, con buena o mala calidad según el criterio de cada quien, una de las facultades que se pierde en la vejez y que, probablemente, asumimos que deja de suceder. 

El sexo. 

Acá no era sólo el tema de la juventud, como en la cinta española La Abuela (muy perturbadora para mí), que cuenta la historia de una anciana que pierde totalmente las facultades que le permiten valerse por sí misma y a quien su nieta se ve obligada a cuidar (dejando su oportunidad de ascender en su carrera). 

Aunque La Abuela (2021) desarrolla una historia sobrenatural, el tema es el mismo: una obsesión por la juventud y un desprecio grotesco por la vejez, todo con un entremés de sangre a chorros, carne, grasa, e insultos. 

Tal cual Elisabeth y Sue en La Sustancia, y tal cual Madeleine y Hellen en Death Becomes Her. Podemos hacer una mención especial a Ellen Burstyn en su papel de Sara, en Réquiem por un sueño (2000), que se obsesiona con volverse a poner un vestido rojo para asistir a un programa de televisión. 

Ellen Burstyn, Réquiem por un sueño (2000)

Sara tiene su propio arco en Réquiem y es precisamente el mismo tema del envejecimiento, pero su monólogo, que es una escena maravillosa, lo explica mucho mejor: 

Sara Goldfarb: Ahora soy alguien, Harry. A todo el mundo le gusto. Pronto, millones de personas me verán y les gustaré a todos. Les hablaré de ti y de tu padre, de lo bueno que fue con nosotros. ¿Recuerdas? Es una razón para levantarse por la mañana. Es una razón para perder peso, para entrar en el vestido rojo. Es una razón para sonreír. Hace que el día de mañana esté bien. ¿Qué tengo, Harry? ¿Por qué debería hacer la cama o lavar los platos? Los lavo, pero ¿por qué debería hacerlo? Estoy sola. Tu padre se ha ido, tú te has ido. No tengo a nadie a quien cuidar. ¿Qué tengo, Harry? Estoy sola. Soy vieja. 

[Harry Goldfarb: Tienes amigos, mamá.

Sara Goldfarb: Ah, no es lo mismo. No me necesitan. Me gusta cómo me siento. Me gusta pensar en el vestido rojo y en la televisión y en ti y en tu padre. Ahora, cuando sale el sol, sonrío.

Algunos críticos tienen la noción de este mix de opiniones en cuanto al cine hag, así que le preguntaron a Coralie sobre su visión, en una entrevista para Vogue, y ella dijo sobre esto:

Pasando mis 40, comencé a sentirme muy impactada, [pensé] hay algo muy malo aquí por el hecho de tener esos pensamientos tan violentos sobre cómo mi vida había terminado, porque ya no tenía 20 o 30. Decidí que quería confrontar eso y expresar la violencia de todos esos pensamientos y esos procesos que pueden ponerte en una especie de jaula de una forma muy poderosa.

Además, Coralie menciona la trayectoria de Jane Fonda y la imagen en decadencia que llegan a tener las actrices una vez que “pierden” la frescura de los veinticinco (como si el talento histriónico dependiera de qué tan bonita y joven se es). 

Aun así, podemos argumentar que si el cine hag estigmatiza a las actrices de edades medianas, lo hace igual con actrices a las que se les dan sólo papeles de la chica trofeo, la rubia linda, la esposa del protagonista; como a Reese Witherspoon, Margot Robbie y Charlize Theron, a quienes se les daban sólo ese tipo de personajes a interpretar. 

En un video-ensayo que vi hace poco, se hablaba de que a estas actrices se les comenzó a tomar en serio hasta que no tomaron su primer rol “feo”. 

Según esto, el único común denominador que quedaría, es… sí, Hollywood. 

Coralie tuvo sus referentes y los proyectó desde su perspectiva, algo que no se había hecho con tanto éxito hasta ahora. ¿Cuáles otros referentes tuvo? Hablemos de ello…2

Los referentes de la directora

En una entrevista Coralie dijo que uno de sus mayores referentes era David Cronenberg, director de películas ya consideradas de culto como La Mosca (1987) y Videodrome (1983)… En La Sustancia, basta con que repasemos algunas escenas para darnos cuenta de que no está diciendo mentiras. 

Paralelismos en La Mosca y La Sustancia

La Sustancia sí que bebe de los tópicos comunes del body horror, pero esta vez la perspectiva femenina lidera el mensaje ya no sólo de la tecnología sino de la cosificación a las mujeres en el cine de arte y el uso(mal) de sus cuerpos como conducto de terror. 

En la escena en la que una Sue desbalanceada se mira al espejo y comienza a perder los dientes, estamos presenciando, como hace Cronenberg en La Mosca, la dolorosa metamorfosis que culmina en la aceptación del true self como se diría en el psicoanálisis, o sea, el verdadero yo

Con una indumentaria que parece aludir a la Carlota de Vértigo (1972), Sue huye aterrorizada hacia su departamento y se inyecta La Sustancia (algo prohibido en el procedimiento), provocando así el nacimiento de una nueva criatura, un híbrido de Elisabeth y Sue cuyo nombre de nuevo hace referencia a la mezcla del nombre con el que Seth bautiza a su nuevo yo en La Mosca, es decir, Brundlemosca

Tampoco es casualidad que Elisabeth se convierta en su verdadero yo una vez haberse transformado en la integración de sus partes, Monstro-Elisasue.

Creo que la única diferencia en esta metamorfosis es que, en La Mosca, la de Brundle se inclina más a lo moral desde la tecnología, algo muy frankenstiano también, y en La Sustancia a este conflicto mismo de Fausto, Dorian Grey, el pacto con el diablo por la belleza o el conocimiento supremos/eternos, el yo versus yo versus el ello, algo que se asemeja más al delirio de identidad que sufre Judy en Vértigo cuando siente celos de sí misma, encarnando a Madeleine. 

La conexión es clara: la identidad, la aceptación del yo y el cuerpo como conducto para lograrlo (y darnos miedo, asco y lástima en el proceso). 

Contemplando el cuadro de Carlota, Vértigo (1958)

Para nosotros como espectadores, se trata de un desfile de lo grotesco en el que una persona toma una decisión estúpida basada en la vanidad, a través de un procedimiento científico sobre cuya eficacia no hay suficiente evidencia, que termina en la conversión del yo en un monstruo viscoso que da lástima. 

En una película austriaca Funny Games (1997) el director (Michael Haneke) nos invade total —y moralmente diría— al permitir que los secuestradores se vuelvan a nosotros, nos guiñen un ojo —como hace Sue en Pump it Up— y nos hagan partícipes de sus crímenes, dejándonos así la libertad de decidir el juicio moral de lo que está pasando en pantalla. 

Coralie hace esto varias veces en sus películas y, aunque hay quienes piensan que de nuevo se trata de otro director robándose trabajo del cine asiático, la verdad es que algunos planos que son muy invasivos son característicos de ella; lo vi por ejemplo en Revenge que es una película de 2017, mientras que Beauty Water, con la que cual comparan esta particularidad, se estrenó recién en 2020.

Esto sucede porque, de la misma manera, una de las que para mí es la magna referencia además de La Mosca, Vértigo y Death Becomes Her, es Requiem for a dream; lo vemos en Sue explorando su libertad sexual mientras Marion, en Réquiem, la perdía; lo vemos en la belleza que Elisabeth no puede notar cuando se mira al espejo, enfundada en un vestido rojo mientras Ellen performa aquel maravilloso monólogo. 

Paralelismo entre Marion y Sue

Digo que quizá algunas personas necesitaban encajar al cine asiático otra vez porque entre los fans de Aronofsky es bien sabido que el señor compró los derechos de Perfect Blue (1997), de Satoshi Kohn, y que podemos encontrar mucha “inspiración” de esta en sus películas. 

Eso sí, no soy del team que cree que son plagios porque sería lo mismo que decir que Coralie intentó emular los mensajes que quisieron mandar todos estos directores y guionistas. 

Por ejemplo, el tema que toca Carrie es más parecido al de Ginger Snaps y Jennifer’s body y aun así, podemos notar cierta inspiración en la película del 76, sí, la escena del baile en contraposición de la escena de Monstro-Elisasue frente al público que, muy pronto, comienza a rechazarla y, finalmente, la destruye. 

El público. La destruye: porque es fea, grasosa y deforme. 

Igual que algunos otros monstruos que hemos visto aparecer en el género, como en El hombre elefante (1980), Basket Case (1982) y La Mosca y al que creo que quiso llegar el director de Barbarian, sin conseguirlo por supuesto.

A todo esto, Barbarian (2022) es la única película que creo que sí ridiculiza el sentido de maternidad que se le atañe por “naturaleza” a la mujer y la justicia social en torno a los abusadores sexuales de Hollywood. 

En Barbarian tenemos a una mujer que se ve obligada a compartir un Airbnb con un desconocido, aunque yo no sé a quién se le ocurriría alquilar una casa en el midtown de Detroit.

El dueño del alquiler es un actor acusado de abuso sexual, la clara representación de un hombre arrepentido de sus actos al que una mujer de apariencia mórbida, esquelética y arrugada, es decir, vieja, castiga; prefiero no adelantarles el método que elige para castigarlo, si no la vieron, háganlo y saquen sus propias conclusiones. 

Otra película de A24 que intentó tocar la experiencia femenina en torno a un tema específico, es Men (2022); Men se trata de una mujer que alquila una casa en un pueblo de la campiña inglesa luego de que su marido se suicidara. Muy bonita toda la cinematografía pero un horror la visión de Alex Garland, si me preguntan a mí. 

No, no me es suficiente el simbolismo de Adán y Eva y la cosa esa del renacimiento con el hombre verde. Para hablar de cómo se sienten las mujeres cuando un hombre las acosa o las violenta, uno lee testimonios de víctimas y sobrevivientes. No sé, quería declarar mi odio públicamente a esa película y venía un poco a cuento porque se está criticando de simple a La Sustancia.

Para mí, simple no es sinónimo de malo. A veces menos es más. Ojo, Alex, ojo.  

Por el contrario, la perspectiva del miedo a la vejez en Mad, en Death Becomes Her, queda patente no sólo en su adicción por los tratamientos de belleza, sino además en sus relaciones extramaritales, en la manera que le habla a su marido y en cómo decide experimentar con él al final con tal de no renunciar a tener a un cirujano estético en su casa.

Como Hellen, Madeleine y el culto, Elísabeth traspasa los límites de la moral y la salud estética al acceder a participar de un posible experimento de dudosa eficacia del cual no necesitamos ni saber su origen porque no es relevante.

Un señalamiento que se le hace a Mary Shelley como escritora es que a veces decide no contar ciertas cosas, ya sea por negligencia o porque no quiso, como por ejemplo cómo fue que Víctor realmente logró reanimar al cuerpo de la criatura pero en las adaptaciones sí que se explica este “agujero”. 

Por si no lo sabían, una de las referencias en Frankenstein hace alusión a la revolución industrial de la época, y uno de los mayores descubrimientos de entonces fue la electricidad… Un científico italiano de apellido Galvani llevó a cabo experimentos con ella y logró estimular ranas. 

Y con esto nos damos cuenta de que el contexto importa; en el caso de Mary Shelley, contextualizar su obra misma hace redundantes las explicaciones como de dónde sacó Victor la cabeza de la criatura, ya que sí se nos dice que comienza a robarse partes de cadáveres del cementerio.

En un contexto actual y habiendo dicho lo anterior, La Sustancia no nos revela de dónde viene la cosa viscosa e incandescente (en serio, no se beban nada que parezca radiactivo porque ya saben cómo va a terminar) que se inyectan primero Elísabeth y luego Sue, pero podemos ubicarnos rápidamente al ver las fotos de Lindsay Lohan, Madonna, Christina Aguilera, entre otras, que por ahí parecen haberse reunido con Leslie.3 

La verdad es que fueron con una cirujana de Dubai, según lo que se dice en redes, pero el punto se entiende. Creo. 

Aun así, el temor al envejecimiento ha sido tema de conversación desde hace mucho tiempo, así que La Sustancia se mueve temporalmente en su ambientación, aunque en general me parece que todo es muy ciberpunk. 

Desde Belleza Americana (1999) hasta la identidad fragmentada de Psicosis (1960), La Sustancia aborda de nuevo la ridiculización de los temas femeninos y la cosificación de las actrices de Hollywood, añadiendo al imaginario de terror esta perspectiva fresca y nada plástica en torno a, también, la decadencia de una industria a la que ya muchos le han perdido el respeto. 

Esta vez, la directora ridiculiza a Hollywood con una carta de odio a la que le puso nombre, inspirada en La Mosca, que a su vez está basada en un relato y que a su vez aborda el dilema de lo ético en la tecnología y la dualidad del yo cuando se trata del cuerpo y de las ambiciones. Todo, sí, muy al estilo Kafka pero con matices de Frankenstein.

Como espectadora de cine de terror, me encanta la idea de que Coralie simplemente esté contando algo que ya sabemos pero que nunca habíamos visto a través de esta lente. 

También podríamos argumentar un arco narrativo de descenso a la locura como en Seconds (1966), o la maternidad, como en The Omen (1976) y Rosemary’s Baby (1968), pero el subtexto y las teorías se las dejo a ustedes.

Adieu *guiño*.


Referencias:

  1. «Film Reviews: What Ever Happened To Baby Jane?». Variety: 6. October 31, 1962.* ↩︎
  2. Wood, Robin; American Nightmare. ↩︎
  3. DailyMail, Diciembre 10, Art. 14176339 ↩︎


Comentarios

2 respuestas a «La Sustancia, una carta de odio a Hollywood»

  1. El terror a envejecer es real y es increíble como hoy, con todas las actrices mencionadas que se hicieron NUEVAS lo vemos en primer plano. Me parece interesante que, al igual que Elizabeth, con tal de ser bellas (de nuevo), destruyan su salud. Y todo tiene la misma vibra turbia, muy uncanny valley. Por eso Sue es tan perfecta que nos genera incomodidad. Es CASI humana.

    A mí me encantó también la peli y creo que hasta al hombre más educado en temas femeninos le va a costar entenderla, porque es tan profundamente femenina, tan la experiencia de las mujeres con la belleza y la juventud (y la perfección inalcanzable), que nadie que no sea mujer podría entender la película. Por más simple que digan que es.

    Creo que muchos se olvidan de que el cine no es solo el guión, que es un vehículo que nos da información audiovisual también y ahí es en donde Coralie hizo la diferencia.

    Maravillosa peli y maravillosa entrada no-ensayo♥️

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    1. Exactamente, no digo que no la hayan a apreciar pero por ejemplo un señor de The Guardian nomás gastó 3 minutos de lectura en alabar la «belleza satánica de Sue», jaja. Margaret estuvo altamente producida en la película por eso le brota una prótesis de la nada a medio pump it, y veo como que esos detalles les pasan desapercibidos. Si me preguntas a mí Coralie no hizo más que reírse de un par con esto.

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