La novela más difícil de Dickens (anotaciones)

Leí Casa Desolada a principios de año para un trabajo académico, y aunque mi tarea era analizar e interpretar las figuras retóricas del autor, algunos meses después sigue siendo, quizá, la obra más importante de mi año lector.

Es sorprendente que se considere una de sus obras más complejas, y que sea incluso motivo de estudios; algunos estudiantes universitarios mostraron significativas deficiencias a la hora de interpretar la novela, sus símiles, metáforas y temas.

Desde la aparición de los “dinosaurios caminando por las aceras” hasta el uso de la niebla como símbolo de estancamiento, Casa Desolada es un pasillo completo de ilustraciones vívidas, con sus imágenes campestres, los puertos y las viejas mansiones aristocráticas. Dickens es un autor completísimo, muchas veces señalado de “sentimentaloide”.

Dickens por Daniel Maclise, 1839

Ante esto, suscribo lo que Vladimir Nabokov dijo sobre la obra:

“[…] quienes censuran lo sentimental ignoran la naturaleza del sentimiento.”

Acostumbro llegar sin expectativas a los títulos que me asignan por “obligación”, principalmente porque “opinar” e “interpretar”, si hablamos de literatura, son dos cosas muy distintas. Por eso pienso que un libro como Casa Desolada debe leerse muchas veces, no para entenderlo mejor, sino porque sus imágenes son, con cada repaso, una nueva oportunidad de encontrar otra metáfora, otro símil, u otra imagen descrita textualmente, pero con las capacidades estilísticas de quien es un verdadero artista.

Muchos críticos creen, sobre Dickens, que es un escritor moralista, pero (incluso Nabokov), no le restan nada de su genio. Aun así, estuve leyendo análisis hasta terminar el libro, y todas mis anotaciones son, en lo que cabe, honestas.



Un resumen

¿De qué trata Casa Desolada? Depende del lector. Personalmente, diría que trata de la hipocresía, pero en clase, uno de mis compañeros dijo que trataba sobre demonios. Esto, porque las metáforas son tan importantes y están tan presentes retóricamente, que en efecto uno llega a ver como pájaros, diablos, vampiros y parásitos a los personajes.

Por supuesto, no hay ni dinosaurios ni demonios con cola y cuernos en la novela.

Esther es la narradora-protagonista. A través de ella se desarrrolla el conflicto principal: el de la cancillería con sus respectivas víctimas. El señor Jarndyce, que se convierte en tutor de la muchacha, está en pleito por una herencia que podríamos ver como un anhelo, o como una roca en el zapato. Para Ada y Richard, parientes y la contraparte del pleito, es la única esperanza.

Por su parte, Esther cuenta en retrospectiva su propia historia, tal y como le gusta a Dickens, reparando en su forma de ver la vida (primero como infanta y luego como adulta); es huérfana y su llegada a Casa Desolada no es tanto una casualidad, y a medida que va madurando, como mujer, amiga y protectora, nosotros maduramos con ella.

Casa Desolada trata de las bondades performativas. Hay hombrecitos usureros que se aprovechan de los pobres, pobres que se vuelven más pobres y que mueren en la miseria. En el maravilloso capítulo ocho, Esther se detiene a observar a una mujer (de clase media) que decide visitar a una familia (pobre) para “hacer caridad” (leyéndoles libros). No sé si Esther es poco aguda, pero aunque lo nota, su visión de esta falsa generosidad es limitada. De todos modos, es fácil comprender que no sirve de nada leer libros complejos a gente que no ha comido en todo el día.

Este elemento, la caridad como un artilugio que la aristocracia usa para calmar sus deudas con la sociedad, se presenta en varias ocasiones; una vez me dejó pensando varios días (no sé si alguna vez lloré tanto, la verdad). Niños que trabajan como adultos; adultos que ignoran sus responsabilidades como niños; la historia cruza a personajes que se aprovechan de otros, a soldados miserables y sin privilegios, volviéndose más miserables y perdiendo las pocas ventajas que tenían.

También tenemos la línea narrativa de la mujer castigada, de la que hablé en mi artículo sobre Sentido y sensibilidad.

Esta es la razón por la que creo que se trata de hipocresía humana, porque este fariseísmo que hacen gala tantos personajes tira de las riendas de la trama detectivesca. Aunque es cierto que “los demonios” suelen estar más presentes y son también medio protagonistas de la línea de misterio.

El estilo dickensiano

Hay, o al menos noté, ciertas evocaciones al Quijote, principalmente en uno de los personajes heroicos; sin embargo, no pude pasar por alto la presencia de los elementos constantes de Charles. Por ejemplo, su forma casi mordaz de pintar la sociedad.

Casa Desolada abre en una escena de la vida cotidiana, en un noviembre sin época clara, repleta de humo saliendo de las chimeneas “como llovizna negra”, y remarcando el mal humor de los transeúntes que se mueven a empujones por un camino lleno de barro.

“Londres. Hace poco que ha terminado la temporada de San Miguel, y el Lord Canciller en su sala de Lincoln’s Inn’s. Un tiempo implacable de noviembre. Tanto barro en las calles…”

La niebla hace las veces de metáfora, y mientras nos dirigimos a la Cancillería, sentimos que el ambiente es opresivo, que a la gente común no le gusta estar allí, pero está porque si no sus causas quedan perdidas.

Nabokov dijo algo al respecto:

“[Sobre la Cancillería] institución perfecta para los abogados pero fuente de desdicha para las víctimas.”

A todo esto, la Cancillería es el villano de la historia, unas veces un edificio neblinoso, con las risas estridentes de sus abogados entonados y empelucados, y otras clara metáfora del infierno terrenal.

Dickens no maneja un estilo directo, y para un lector inexperto, Casa Desolada hablará de todo menos de algo tangible, aunque podría jurar que las temáticas son tan mundanas que es imposible no comprender por qué la época pierde importancia. Bien podría estar ubicada en la era de la industrialización (hay un personaje que lo representa) o bien en la modernidad o la posmodernidad, tras la segunda mitad del siglo, quizá.

Los tiempos no son canónicos, y se habla de lluvia, nieve y barro como se habla de Combustión Espontánea.

Wilfred Bosworth Jenkins, siglo XIX

Los personajes en Casa Desolada:

Recomendaría leer tanto en español como en inglés si es posible; primero para no perderse algunas de las referencias que solo tienen sentido en su contexto, y segundo para integrar las evocaciones, por ejemplo las de los nombres de ciertos personajes: los abogados Tangle (enredo), Blaze (llamaradas) y Sparkle (centelleo); o bien los juegos de palabras en Coodle, Doodle y Boodle.

No tengo idea de si puedo decir esto, pero el personaje más importante es un edificio; tiene humor, personalidad y defectos, y la mayoría de la gente le tiene miedo. Se dice que vuelve locos a aquellos que lo visitan y, sin saberlo, convierte cualquier causa, por justa que sea, en una causa perdida.

Ahora, los abogados y los militares… En Casa Desolada la cancillería es el infierno, los litigantes, almas condenadas. Entonces, ¿qué son los abogados? Para mí, hacen el papel de heraldos del diablo, una suerte de sirvientes que se ríen de los asistentes, de sus clientes y de los que no lo son también. Aunque con un tono socarrón, siempre se les presenta de forma ridícula, sin que uno como lector corra el riesgo de hacer una rabieta.

A los abogados se les describe como “peor que el Diablo” y, en referencia a lo que hacen a las almas perdidas que acuden a ellos, la narración reza:

“Era tan lento, tan árido, de sangre tan fría y tan delgado, que me pareció que Richard estuviera perdiendo la vida bajo los ojos de este asesor, que tenía algo de Vampiro.”

Y en:

“… es un diablo más astuto [el abogado], encallecido e intolerable cuando se pone un alfiler en la corbata, se autocalifica de caballero, apuesta a un solo color o a una sola carta, juega una partida de billar y está algo informado de lo que son los pagarés o las letras de cambio, que cualquiera de las otras guisas que adopta.”

En cambio, a un soldado que sigue el arco del hijo pródigo, lo dibuja más o menos así:

“El señor George se comporta con gran firmeza y marcialidad a lo largo de la fiesta…”

Y:

“El señor George no tiene nada en común con la familia Smallweed. Nunca ha habido un soldado de caballería acantonado en una casa más distinta de él. Es como comparar un sable con un cuchillo para las ostras. Él tiene un cuerpo desarrollado, y ellos son canijos; él tiene gestos amplios que llenan mucho espacio, y ellos los tienen mezquinos; él tiene una voz sonora, y ellos un tono agudo y chillón; todo en ellos contrasta mucho y de forma extraña. Él, sentado en medio de la salita sombría, un poco inclinado hacia adelante, con las manos apoyadas en los muslos y los codos pegados al cuerpo, da la impresión de que, si se quedara allí mucho tiempo, absorbería en sí a toda la familia y a toda la casita de cuatro habitaciones, incluida la cocina adicionada a la trasera.”

En otra ocasión (ya les digo que la inclinación favorable es evidente):

“Mientras se seca [el señor George] con una toalla sin fin, resoplando como una especie de buceador militar que acaba de salir a la superficie, con el pelo rizado cada vez más rizado sobre las sienes atezadas, y cuando más se va frotando, de manera que parece que jamás se pudiera alisar con un instrumento menos coercitivo que un rastrillo de hierro o una almohaza, mientras se frota, y jadea, y se pule, aceza, menea la cabeza de un lado para el otro, con objeto de frotarse la garganta con más comodidad, con el cuerpo inclinado hacia adelante, a fin de que la humedad no le moje las piernas marciales.”

Finalmente, los tres personajes sin corazón ni pulmones pero que laten y respiran. Chesney Wold, o la mansión campestre —que representa a su dueña— de Sir Leicester, que en Casa Desolada aparece como:

“…pasé ante el jardín con sus fragantes aromas y sus despejados caminos, con sus cuidados lechos de flores y su blanda hierba, y vi lo hermoso y lo grave que era, y cómo los antiguos parapetos y las viejas balaustradas de piedra y las anchas escalinatas estaban llenos de cicatrices dejadas por el tiempo y los accidentes meteorológicos, cómo crecían en torno a ellos un musgo y unas hierbas bien cuidados, igual que en torno al viejo pedestal de piedra del reloj de sol, y oí el agua de la fuente que caía. El camino seguía después bajo las filas de ventanas oscurecidas, flanqueadas de torretas y porches con formas excéntricas, en las que había leones de piedra y monstruos grotescos erizados junto a cuevas en sombras, que surgían al crepúsculo por encima de los escudos que tenían en sus garras.”

Casa Desolada, fuente de la bondad, la paciencia y la recompensa social. También el lugar en donde siempre hay luz:

“Ésas fueron nuestras primeras impresiones de la Casa Desolada, con sus ventanas iluminadas, suavizadas acá y allá por sombras de cortinas, que brillaban en la noche estrellada, con su luz y su calor, y su comodidad, con los ruidos acogedores, oídos a lo lejos, de los preparativos para la cena, con la cara de su generoso amo iluminando todo lo que veíamos y con suficiente viento para sonar como un acompañamiento bajo de todo lo que oíamos.”

Por último, la Cancillería (o el infierno), para la que elijo una bastante concreta ya que hay demasiadas al ser la antagonista principal:

“… la Cancillería es lo que es. Espera de ella, febril y esporádicamente, que haga algo por sus intereses y resuelva sus problemas. Ella le da largas, lo desilusiona, lo somete a pruebas y torturas; va limando sus esperanzas y su paciencia optimistas, gota a gota; pero él sigue esperando que ella haga algo, lo ansía y se encuentra con que todo su mundo es traicionero y huero.”

Una mención especial a El paseo del fantasma, que es el camino que lleva a Chesney Wold.

No puedo decir si esta es una novela “difícil”, aunque admito que no debería ser la primera que se lea del autor. Una vez que consiga una edición en físico decente, seguro vendré con otros de los temas que quisiera tocar (el del nacimiento de los capitalistas, el desprecio de los aristócratas por este neófito sistema económico, las infancias de Dickens y, ¿por qué no?, el amor según Dickens).


Comentarios

Deja un comentario