¿Alguna vez debatiste algún tema con alguien, y en lugar de darte argumentos te corrigieron una “errata”? Por ejemplo, en una conversación reciente mi profesor dijo «rompido» en lugar de roto; hablaban de un tema político mientras otros compañeros y yo escuchábamos. Y sí, es común que alumnos de especialidad entablen discusiones acaloradas con sus docentes, sobre todo en materia de geopolítica.
La conversación no terminó porque, frente a la errata de mi profe, el compañero decidió corregirle antes que agregar veracidad al argumento. Cuando el profe se marchó, varios comentamos que es muy falaz corregir un error cuando el objetivo no es la normatividad de la lengua. Él, no obstante, dijo que no podía aceptar la opinión de un hombre que enseña sin saber conjugar bien un verbo.
¿Tiene validez su postura? Quién sabe. Pero me hizo recordar los cientos de veces que instituciones gubernamentales, empresas de talla mundial, medios de comunicación masivos, etc., han cometido erratas de su misma proporción. Así que, para ilustrar un poco, les dejo cinco errores garrafales que quedan para el registro:
- Ni presidentes ni simios
En 1966 un periódico/diario publicó la fotografía del entonces presidente de México; también publicaron una nota respecto a un zoológico. ¿El error? Se equivocaron en el pie de página: a la foto del presidente le pusieron el pie que describía a unos chimpancés, mientras que debajo de la foto de los chimpancés quedó la que correspondía a la foto del presidente en la convención de Gasolineros. Ordaz es el responsable de la masacre de Tlatelolco, por lo que no viene mal la comparación; al periódico, sin embargo, le costó varios años de circulación.


2. Un padre despistado
Orlando Bloom se tatuó un código morse en el antebrazo, que supuestamente era el nombre de su hijo Flynn. El único detalle es que los internautas se dieron cuenta de que el código en realidad decía “Frynn”. Lo pongo acá porque el hecho de que una institución cometa erratas es casi tan irónico como que tu propio padre no verifique tu nombre. Pero en fin.

3. Obama u Osama
En mayo de 2011 el terrorista Osama Bin Laden fue abatido en Pakistán por los Navy Seals, más específicamente por Robert O’Neill (como él mismo escribió en su libro). Los medios de comunicación hicieron eco de la noticia, pero algunos como Fox, ABC y, en español, El País, cometieron un error textual al cambiar el nombre de «Osama» por «Obama». ¿Fueron las prisas o un error intencionado?

4. Elección sin sufragio
«Sufragio efectivo, No reelección» es una de las frases más emblemáticas de la historia de México. Fue popularizada por uno de los héroes de la Revolución Mexicana: Francisco Ignacio Madero. Este lema es tan importante que se plasmó en la Constitución de 1917. Pues bien, en una reimpresión del billete de 100 pesos mexicanos, en 2009, el Banco de México (Banxico) cometió una errata significativa al escribir “Sufragio electivo, No reelección”.

5. Errores de supervisión
En el mundo de la edición son comunes los errores. Pero estamos de acuerdo en que los hay por tamaños, ¿verdad? En 1959, durante la presidencia de Adolfo López Mateos, comenzó el sistema de libro gratuito en todas las escuelas públicas de México. Estos libros son distribuidos por la CONALITEG. Para la edición del libro de matemáticas del ciclo escolar de tercer grado, 2002-2003, esta institución contrató a Grupo Gráfico Editorial, S.A. de C.V. El tiraje fue de dos millones 900 mil ejemplares. ¿El error? Pues lo descubrieron los alumnos (que debían estar en un rango de edad de entre los ocho y los nueve años): los niños observaron que al final del libro venía material gráfico de pornografía homosexual, perteneciente a una revista mexicana (Toys and Boys) fundada en 1994 y que era impresa, también, por Grupo Gráfico a través de un subcontrato. No sé si hubo tráfico de influencias como sugiere la investigación que se realizó entonces, pero lo que sí sé es que ese libro pasó por las manos de por lo menos seis instituciones gubernamentales. ¿Alguien se hizo responsable? No. El tiraje se retiró de las escuelas, hubo un pronunciamiento oficial y ya está.
No sé si vale la pena corregir a alguien cuando está hablando, o en redes sociales, lo único que puedo decir es Errare humanum est. Si de vez en cuando se te va un dedazo, o te mandas una forma rara de conjugación, acuérdate que se han impreso billetes en potencias mundiales, cambiando su lema principal (como In God We Trust por In Gold We Trust, en el caso de la moneda estadounidense).
Errar es humano y, para fortuna de todos, no existe tal cosa como una policía de la lengua. Las academias no vigilan ni investigan la normativa para denigrar a la gente cuando dice “haiga” en lugar de “haya”. En realidad, ni siquiera los más educados están exentos de cometer erratas. Pueden buscar muestras de los manuscritos sin edición de García Márquez, por ejemplo, y se darán cuenta de que el trabajo de escribir y hablar «bien» es bastante subjetivo.
Más aún si hablamos de libros como Pedro Páramo o Los de abajo.



Deja un comentario