El Mono: mis traumas, mis chistes

Entre las películas que vi estas semanas, además de un refrito medio innecesario de un peliculón argentino, está El Mono, una peli basada en el relato homónimo de Stephen King. Honestamente, la puse porque no se me antojaba nada más, aunque había visto comentarios divididos respecto a ella (como que era muy absurda y las muertes no tenían sentido, una crítica que en sí misma me parece un sinsentido dado el género del filme). 

A mí me gustó. Me gustó que fuera una sátira, los personajes y el tipo de terror que ofrece, porque cuando se trata de historias de horror que cuentan niños es más o menos complejo obtener buenos resultados. 

Five Nights at Fredy’s es la última que vi que tenía un poco el mismo tono, pero de ninguna manera me pareció tan efectiva como El Mono, que me arrancó varias carcajadas, sin importar que el baño de sangre es casi teatral (algo necesario porque no olvidemos que el narrador es infantil a pesar de ser un adulto). 

Aun así, lo que más me gustó es el tema que toca, aunque a muchos puede haberles pasado desapercibido (o soy yo que veo cosas donde no las hay). Como quiera que sea el caso, también leí el relato de King para corroborar las diferencias con la adaptación. 

[Spoilers]

La diferencia más marcada es que, por ejemplo, Hal no tiene un solo hijo sino dos, y en la película Petey y Dennis están mezclados en carácter (algo que la producción puede hacer para ahorrar gastos, claro está). Mientras que en el relato, el hijo mayor de Hal es un adolescente problemático (¿no es esta una redundancia?), en la película Petey-Dennis es un adolescente que desearía pasar más tiempo con el desobligado de su padre. 

Ah, eso también. En la película, Hal y su esposa están divorciados y ella está casada con un tipo que quiere adoptar a su hijo, porque cree que puede ser mucho mejor padre. Se insinúa que este señor es un abusador encubierto, pero como no es tan relevante, no sabemos qué ocurre después. 

En el relato no hay padrastro y Hal no es tan fracasado (tan), salvo porque perdió el trabajo y tuvo que mudarse lejos de la ciudad en la que fincó su familia. Sin embargo, el cambio más notable es que Hal y su hermano Bill no están peleados y Bill no es el culpable de que el mono volviera al ataque. 

Bill es un bully en la película, pero en el relato ni siquiera tiene protagonismo porque todo el protagonismo lo tiene Hal y el vínculo con sus hijos.

[Fin del spoiler]

Al principio de la película se le da origen al mono, y el padre de los chicos aparece en escena mientras trata de vender al diabólico juguete. El hombre está vestido como un operador de circo, estos hombres que cuidaban a los monitos mascotas o que atienden los puestos; tiene un aspecto escuálido y desmejorado, asumimos por el delirio de persecución que está sufriendo. 

Este uniforme es el que la madre de Hal y Bill tiene guardado en el clóset, mismo del que sacan la caja en la que el mono estuvo guardado todo ese tiempo. 

En el relato, dice:

«Su padre, un marino mercante, había desaparecido como si hubiera sido borrado de la faz de la Tierra cuando ellos eran pequeños; Bill decía que lo recordaba vagamente, pero Hal no tenía ni el menor recuerdo de él».

Así, la presencia del padre queda mezclada con la del mono y, especialmente para Hal, se convierte en un ente que aparece de la nada y que hace maldades. En el relato mata al mejor amigo de Bill y a la niñera de ambos; en la película mata a una serie de personas al azar que tienen mucho que ver con la trama. 

No quiero decir que una u otra decisión haya sido mejor que la otra, pero creo que la película mantuvo lo importante, de lo que hablaré enseguida. 

Podemos empezar por la relación de los chicos con el recuerdo de su papá, que, como ya podemos ver en la cita anterior, es la misma en la película: el padre ausente. En el relato se menciona que el abuelo también abandonó al padre, así que están en un patrón de abandono parental del que creo que King sabe mucho. 

Siempre digo que como escritor de terror Stephen no me aterra demasiado, pero en mi opinión es un escritorazo de dramas mundanos. En otros de sus libros toca temas simples pero que al promedio de la población le causa dolor, como por ejemplo el alcoholismo. 

En su libro-manual Mientras Escribo Stephen cuenta que creció en un barrio marginado donde vivían veteranos de guerra; su madre fue una madre soltera que apenas pudo mantenerlos y tanto él como sus hermanos crecieron rodeados de muchas carencias. De hecho, hay quienes juran que Stephen King fue un éxito desde el primer momento y que el tipo ha sido muy afortunado. 

Esto no puede estar más alejado de la realidad. 

Stephen King publicó sus primeros relatos en revistas, y le pagaban apenas un par de dólares por su trabajo. Tenía veintiséis años cuando publicó Carrie y él mismo dice que había escrito cinco novelas sin potencial antes que esa, que fue el parteaguas en su vida. 

Y sí, Carrie fue un éxito de ventas, pero como Stephen era novato, las regalías que recibió dejaron mucho que desear. Como sea, King fue un hombre que, como decimos en México, picó piedra no sólo en su carrera como escritor, sino que además padeció de una suerte de desventuras a nivel personal (como alcoholismo y haber sido atropellado) que tampoco le facilitaron la vida. 

Cuando un escritor sabe de lo que habla se nota muchísimo, y esto me pasa siempre con la narrativa de King. 

El Mono puede parecer simple, pero en realidad tiene algo que no se ve en cualquier película de “terror”: subtexto. La película lleva con éxito el tema principal del relato, que es la ausencia de un padre en la vida familiar; en el relato, es una constante: 

“Él y Bill habían pasado varias tardes de sábado enteras allí arriba, apenas hablándose, sacando cosas de cajas, examinándolas, dándoles vueltas y más vueltas hasta que sus manos pudieran absorber cada única realidad, luego devolviéndolas a su sitio. Ahora Hal se preguntaba si él y Bill no habrían estado intentando, de la mejor manera posible, ponerse en contacto con su desvanecido padre.”

El Mono en la película no obedece a nadie y ni siquiera cuando se le intenta desaparecer los chicos consiguen salvarse. Después de que su madre muere misteriosamente, se mudan con sus tíos y deciden arrojar al mono en un pozo seco de agua. Años más tarde descubren que alguien limpió el pozo y sus tíos “rescataron” al juguete porque creyeron que era suyo. 

Así, en el peor momento de la vida de Hal, el mono reaparece y amenaza con asesinarlos a ambos. En la película, el miedo que Hal siente de que el mono finalmente se apodere de su vida es palpable y por las terribles decisiones que toma uno puede ver que el mono gobierna su vida desde que era niño. 

En el caso de Bill prefiero no tocar el arco porque es el más distinto entre relato-película, lo dejo a su criterio. 

La narrativa visual tiene que actuar como lo harían hasta diez páginas de un libro y hacer que una escena traduzca lo que el autor escribió. El Hal visual, con la cara de Theo James, parece taimado, incapaz de resolver su vida, y uno siente la impotencia de Petey mientras ruega por que su padre lo quiera un poco. 

Por otro lado, en el relato, toda la vida de Hal gira en torno al recuerdo del mono, de lo que pasó cuando lo encontraron y de cómo su decisión de darle cuerda los dejó huérfanos. Esto lleva a que Hal no esté conectado con sus propias emociones, y al final, aunque presente en la vida de sus hijos, se transforma en un hombre que todo lo arregla con evasión y silencios. 

En mi experiencia la evasión y los silencios son otra forma de ausencia, y eso sin contar que la esposa luce bastante infeliz cuando no está dopada con sedantes; la familia está en completa crisis y Hal no hace más que deambular por ahí pensando cómo deshacerse definitivamente del mono, que ha regresado ahora que tienen que vender la casa de su tía. 

Gente comienza a morir en los alrededores, y todas cumplen patrones similares: una mujer solitaria, un vecino solitario, gente que no convive con nadie y cuya muerte puede parecer un accidente con facilidad. Pero Hal sabe que no son accidentes, y se impone la tarea de acabar con el juguete maligno, porque se convence a sí mismo de que una vez que lo haga, su vida será normal. 

“Esta vez no podía negar el recuerdo. Hal permaneció sentado allí, impotente, dejando que acudiera a él, intentando ir con él, cabalgándolo como alguien que hace surf cabalga la monstruosa ola que puede aplastarlo si cae de su tabla, intentando simplemente seguir su paso de modo que desapareciera de nuevo por el otro lado.”

Y es que todos los males de su vida se los atribuye al mono; era mucho más sensible que su hermano Bill, el tipo de niño que sufre bullying en la escuela (incluso de su propio hermano) y que hace lo posible por tener algo de un padre al que no conoce. 

Una vez de adulto, Hal es un inconexo emocional que actúa mecánicamente ante la amenaza de perder a su hijo para siempre. En un intercambio con su jefe, le explica que necesita un día libre porque tiene que visitar a su hijo. Es un momento tan incómodamente lento en la película, que te hace ver lo terrible que es Hal y como, sin tener el pretexto de una posible muerte temprana como su propio padre, está haciendo lo mismo que le hicieron a él. 

Aunque parece mostrar cierta resistencia, tampoco lucha mucho cuando el novio de la exesposa (en la película) se burla de él, porque para la gente traumatizada los problemas mundanos son eso (un sinsentido); Hal ha visto sangre y ha visto a un mono arruinar la vida de muchas personas, así que perder la custodia de su hijo viene a serle insignificante. Al menos eso anuncia su pasividad y la manera anestesiada en la que le explica a su hijo que esa es la última vez que se ven. 

¿Cómo se excusa Hal? Echándole la culpa al mono…

“Podía ser que la mayor parte del mal que había en el mundo fuera algo muy parecido a un mono con un mecanismo al que uno puede darle cuerda; entonces el mecanismo gira, los platillos empiezan a sonar, los dientes sonríen, los estúpidos ojos de cristal ríen… o parecen reír…”

A medida que avanza el relato, Hal se ve a sí mismo en Petey, y no tarda en darse cuenta de que mentalmente está atrapado en su pasado. Esto en el relato también es importante: 

“Los viejos recuerdos pueden mentir”. 

En el desenlace de la película, Hal tiene un encuentro con su otro yo, algo que sucede en el relato pero de forma distinta; porque en la película Hal y Bill son gemelos, pero como ya dije, en el relato Bill es otro de los recuerdos feos de Hal, y sólo habla con él de vez en cuando. Bill es rico y un abogado exitoso que «no mira atrás», lo que deja claro que a diferencia de Hal no tiene problemas con la existencia del mono, y que probablemente nunca se planteó la idea de que su vida fuera a ser condicionada por el juguete de ojos saltones. 

Hal, en cambio, no hacía nada sin pensar que sus esfuerzos serían inútiles porque desde que había encontrado al mono estaba maldito. Así que, de nuevo, para él, una vez que destruya al mono todos sus problemas se resolverán: 

“Había demasiado terror. Todo iría mejor cuando el mono hubiera desaparecido de nuevo, desaparecido definitivamente. Por Dios, desaparecido definitivamente.”

Él culpa al mono de sus males al grado de ignorar su presente; es su hijo Petey el que le acompaña hasta al final, cuando Hal está a punto de morir en manos de un recuerdo… O del mono, que viene a ser lo mismo, porque si ustedes sustituyen “el mono” por “el trauma”, es posible que vean tanto la película como el relato con otros ojos. 

Estadísticamente, pocas son las personas que han crecido en una familia íntegra, es decir, conformada por dos figuras parentales. Y eso a largo plazo puede —o no, con cierta ayuda y voluntad— convertirse en un condicionante de vida. 

Estos dramas me encantan de las novelas y los relatos de King, aunque es siempre en sus relatos donde encuentro estos detalles; por ejemplo, mi relato favorito suyo es El Cuerpo, que encuentran en la antología de Las cuatro estaciones, y que cuenta la historia de unos chicos que crecen juntos en un barrio marginado. 

Para mí ese relato habla de dos cosas importantes: los hermanos mayores y la injusticia de la vida, pues nos relata que no importa cuánto se esfuerce una persona por romper los patrones generacionales. Un día, te pueden asesinar en un restaurante, porque sí. 

Stephen King escribe mucho y sobre muchas cosas, pero creo que de lo que más escribe es sobre infancias; la infancia que él conoce perfectamente y la que muchos hemos atravesado. Hoy muchos dicen “mis traumas son mis chistes”, porque cuando uno crece no queda de otra que interpretar ciertos dolores como algo que pasó, pero que ya no existe. 

Casi como un mono malvado que nos daba miedo de pequeños, pero ya no tiene control en nosotros cuando somos adultos. Por eso creo que El Mono cuenta la historia de un hombre que decide, activamente, romper el patrón de abandono que lo marcó en su infancia para no hacerle daño a sus hijos. 

“El mono había desaparecido definitivamente esta vez. Lo sabía de algún modo. Ocurriera lo que le ocurriese a él, el mono no volvería a arrojar sombras sobre la vida de Dennis o de Petey.”


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