Erwin Smith: La verdad sin sentido


Erwinsmith En Monocromo. Fondo de pantalla

Erwin Smith es, según distintas encuestas realizadas en varias redes sociales, grupos y páginas web, el personaje más popular del anime japonés Shingeki No Kyojin, tan sólo por encima de Levi, que, aunque ágil y astuto, nunca tuvo que tomar el tipo de elecciones con las que su comandante cargó a lo largo de las tres primeras temporadas del anime. 

El último dilema que enfrenta Erwin es precisamente elegir la vida o la muerte, marcando con esa decisión no sólo el final de su arco de personaje sino además el inicio o punto de inflexión de otros (el de Eren particularmente). Durante su monólogo final, Erwin le confiesa a Levi su afán de demostrar que su padre había sido asesinado por tener razón. Según sus palabras, su sueño era encontrar el sótano y «saber la verdad». 

La búsqueda de conocimiento es la motivación del héroe clásico. A través del tiempo se han manifestado relatos que aportan peso al argumento de que, en ciertos contextos, «la verdad» es fútil y muchas veces se convierte en un deseo utópico. En este artículo se intentará desarrollar la teoría de que Erwin Smith era la representación de un ser humano virtuoso que, debido a las circunstancias, adopta también el papel de salvador y mártir, en detrimento de sí mismo y, por poco, de la humanidad.

El arco narrativo del héroe clásico


Para Aristóteles, la tragedia «es la imitación de una acción seria, completa y de cierta extensión, que mediante la compasión y el temor, produce la purificación de estos sentimientos»1. Un personaje trágico no se distingue, de cualquier manera, por poseer características que apunten a estos destinos mortales, sino que se teje como en una urdimbre en la que las decisiones difíciles le guiarán a ese desenlace, que lo redime o da descanso a sus dilemas internos. 

Por otro lado, entre las características que definen a un personaje así, la curiosidad es quizá la que lidera su comportamiento, y se lo verá, en la historia, cuestionando inclusive sus propios valores personales, a sus autoridades directas, a sus amigos, etc. 

En uno de los flashbacks de la tercera temporada2, un Erwin infante se pone de pie en mitad de la clase para cuestionar no sólo a un profesor, sino a la que es también su figura parental, su primera referencia moral y, en última instancia, el detonante de todas sus motivaciones argumentales. 

¿Qué hay más allá de las murallas y por qué no les enseñan esto en las escuelas, dentro de ellas? Esta pregunta dejó en evidencia las contradicciones en la versión oficial que el gobierno eldiano daba a sus compatriotas. Erwin demostró brillantez a una temprana edad y, luego de que su padre lo ignorara deliberadamente, no cejó en sus procesos de cuestionamiento. Por el contrario, esta evidente evasiva alimenta su curiosidad y le marca para siempre. 

Aunque puede parecer una pregunta inocente de inicio, de alguna manera llevó a la muerte de su padre, tragedia que más tarde le haría unirse a la milicia y comenzar su vertiginoso camino hacia una verdad incierta. Desatar el arco de un personaje trágico puede resultar sencillo, pero el proceso filosófico por el que tendrá que atravesar para alcanzar un desenlace coherente, será dictaminado por otros elementos de la trama (cuando Erwin perdió el brazo derecho, por ejemplo). 

En casos como el del comandante, las decisiones tomadas harán que la trama avance y afectará directamente el desarrollo del argumento principal, así como los arcos de otros personajes. 

Desde haber decidido usar a Eren como arma de combate contra los titanes, y hasta sacrificarse en la conspiración para destronar al falso rey, no hay una sola decisión de Erwin que no tenga implicaciones monumentales en toda la atmósfera de SNK. Además, la muerte de su padre simboliza también la muerte de una infancia en la oscuridad, si podemos comparar a Erwin Smith con un Prometeo que pretende compartir con la humanidad el fuego del conocimiento. 

De todos modos, sus motivaciones eran egoístas y lo atormentaron hasta el último momento, cuando decidió llevar a cabo una carga suicida en la que murieron casi todos sus oficiales y, gracias a la cual, Levi logró(casi) abatir al Titán Bestia, cuya identidad es revelada en el final de la temporada. 

Parte de la tragedia de su arco, consistía en la poca conexión que tenía con momentos banales, como sí los llega a tener Levi con el resto de los oficiales. Las sonrisas de Erwin surgen en momentos cruciales, pero siempre con un tono agridulce y característico de la ironía que solía acompañar sus discursos. Para muestra un ejemplo:

Attack On Titan Closeup Of Erwin Smith HD Anime Wallpapers | HD ...

Cuando Erwin está recuperándose de la pérdida de su brazo derecho y Hange le relata su teoría de que los titanes podrían ser humanos transformados. 

Para Erwin, acercarse a la verdad es el único vehículo hacia la satisfacción personal, intención que pierde sentido una vez que una fuerza superior los amenaza. En todo caso, no sonríe porque esté feliz sino porque tener pruebas de la verdad es su motivo de vida, el sueño que compartía con su padre. En su carga contra el Titán Bestia, lo vemos sonreír con la determinación de entregar su vida para que los demás consigan lo que más adelante será su legado. 

Aunque una verdad a todas luces oscura, Erwin Smith no demuestra piedad en ningún momento, ni siquiera cuando tienen que someter a Eren a largas jornadas de experimentación. Erwin sabe los costes de su pesquisa y no flaquea más que en un claro punto de inflexión. Su personaje termina cansado, moralmente abatido, y con la seguridad de que está persiguiendo un objetivo que no necesariamente terminará en libertad. 

Durante toda su vida, desde que críticamente encontró falencias en las versiones históricas oficiales, creyó que la verdad le haría libre, pero esta creencia pierde valor cuando tiene que decidir el sacrificio de cientos de los oficiales que estaban a su mando. 

En algún momento de la carga suicida, el foco de atención recae en un soldado raso que se pregunta a sí mismo, tal vez para él o quizá también para el expectador: “¿por qué me uní a los Exploradores?”. Así, Erwin es proyectado como un líder capaz de enviar a la muerte tanto a sí mismo como a miles de otros inocentes, y su idealismo queda al descubierto en contraste con el miedo de los soldados que sólo querían darle sentido a su vida

Si lo dejaba vivir, ¿hubieras podido perdonarlo?, le preguntó Levi a Hange frente al descontento de esta luego que el capitán decidiera revivir a Armin y no al comandante. Esto le permite a los soldados seguir admirando a Erwin, creer que existe la libertad más allá de los muros, y facilitar el camino hacia el sótano, en donde encontrarían, finalmente, los diarios de Grisha Jaeger, en los que se relata el misterioso origen de los titanes, la historia de los eldianos, y el pacto que hicieron ambas razas para enfrentar la tiranía de los Reiss. 

La ambigüedad moral de los líderes

En la década de los cuarenta, cientos de pilotos pertenecientes a la armada de Japón se arrojaron en picada hacia una muerte, más que elegida, obligatoria; ya fuera por honor o por patriotismo, los mal llamados kamikazes usaban bombas de 250 kilogramos para intentar dilatar el arribo de tropas estadunidenses a su nación.

La traducción correcta de los kanjis [shipun] es ‘vientos divinos’, y su concepto se remonta hasta el siglo XIII. Sin embargo, a pesar de que el término «kamikaze» se popularizó con base en una transliteración errónea, en la práctica venía a ser lo mismo: carga suicida. 

Japón utilizó esta estrategia a sabiendas de las ventajas militares que Estados Unidos tenía sobre ellos, pero no usaban a sus pilotos como bombas porque quisieran equilibrar la balanza. A grandes rasgos, su única pretensión fue la de obtener cierta dignidad y, además, postergar su caída el mayor tiempo posible, al menos mientras sus diplomáticos tomaban las decisiones que terminaron con la destrucción de Nagasaki e Hiroshima.3 

Como táctica militar, una carga suicida sirve para ganar tiempo, romper líneas enemigas y, más llanamente, como una distracción. Aunque se han llevado a cabo varias veces en momentos específicos durante batallas históricas, nunca han dejado de despertar cierto debate por las implicaciones tanto morales como vitales que conllevan, incluso aunque para algunas naciones han sido un símbolo de valor extremo y sacrificio honorable. 

Este y otros dilemas morales, o debates éticos, suelen formar parte de la narrativa de los medios de comunicación en tiempos de guerra, creando incluso sociedades polarizadas y formando relatos que determinan o encauzan la opinión pública. Ciertos gobiernos pueden llegar a capitalizar estas narrativas y usarlas con buenas o malas intenciones. 

Es cierto, también, que los contextos condicionan las posturas, sobre todo durante conflictos bélicos. Alcanzar la paz termina siendo el único objetivo de los bandos involucrados, exponiendo quizá que no existe tal cosa como una verdad universal y que, lo bueno y lo malo, muta según el terreno donde se vaya a discernir. 

En una guerra suelen discutirse estos dilemas cuyas consecuencias sólo unos cuantos podrán cargar, tal es el ejemplo de Winston Churchill. Un rumor muy discutido (negado por unos, propagado por otros), cuenta que Churchill eligió activamente no defender Coventry de un bombardeo nazi para que estos no se enteraran de que habían descifrado El Código Enigma. 

Según esta teoría, Churchill no tomó la decisión a la ligera, ni siquiera a la sombra de lo que fueron esas horas oscuras, como en la película protagonizada por Gary Oldman. En realidad, sufrió un conflicto interno y su figura política pasó a formar parte de la historia, convirtiéndose, para unos, en héroe; para otros, en villano. 

Si esto es verdad, el entonces primer ministro del Reino Unido eligió cargar con el peso de esas muertes que, según lo que su raciocinio le ayudó a concluir, compensaba el bienestar de una mayoría. Más de quinientas personas murieron en los bombardeos y, si fue así, esta decisión ayudó a que los aliados pudieran vencer al enemigo. 

Para ser justos, Churchill no ha sido el único personaje histórico que tuvo que tomar decisiones moralmente ambiguas, sino que otros, como Oppenheimer, mayormente conocido por haber diseñado la bomba nuclear con la que Hiroshima y Nagasaki fueron reducidas a cenizas, ni bien cumplida su tarea se preguntó si los fines oscuros serían el verdadero destino de la ciencia. 

Además, en la ficción, los dilemas morales también conflictúan a los personajes cuyos roles imitan a los de la gente de la vida real. Aunque ficticios, suelen ser un retrato de algo que podemos ver en la realidad y que, no pocas veces, genera descontento entre las personas que probablemente nunca estarán en situaciones semejantes. 

Toda la propaganda bélica, todos los gritos, mentiras y odio, provienen invariablemente de gente que no lucha (Orwell, 1938).

Winston Churchill no estaba buscando la verdad; cada uno de los países aliados tenían un único objetivo y sus ideologías individuales, como naciones, no estuvieron involucradas (debatible). Tanto es así, que terminaron aliándose con la entonces Unión Soviética, con la que medio mundo estaba en desacuerdo, para derrotar a un enemigo final. 

Por otro lado, los actos de Japón habían puesto en un dilema a más de un país, pues según los archivos, sus métodos llevaron a una cadena de deshumanización que desembocó finalmente en los ataques a Pearl Harbor, razón por la que Estados Unidos le declaró la guerra y, posteriormente, lanzó dos bombas letales que dejaron devastada a la nación nipona. 

Si lo analizamos de este modo, las decisiones de los aliados acabaron con la guerra y evitaron el avance de dos potencias que amenazaban con someter a la humanidad en un régimen en el que sólo cabía una sola ideología. Nadie tenía que estar de acuerdo con ellos, y a la fecha sus detractores siguen ofreciendo mejores soluciones que podrían haber terminado los conflictos sin sacrificar vidas inocentes. 

La proposición de estrategias desde un sofá cómodo en una sala de estar podría, según algunas posturas, carecer de la fuerza de la necesidad en un contexto como la Segunda Guerra Mundial. En ese caso, varios pensadores argumentaron que la futilidad de la verdad queda al desnudo pues, sin ir más lejos, deja en claro que en determinadas circunstancias el bien de la mayoría es prioridad. 

En una guerra la verdad pierde sentido. Erwin Smith se percata de ello en sus últimos momentos del anime, cuando Shiganshina está a punto de caer en las garras, literalmente, del Titán Bestia. El propósito de su vida, dice él mismo, era saber la verdad que el gobierno les ocultó desde siempre. El comandante estaba obsesionado con su búsqueda de la verdad, y a lo largo de su arco lo vemos tomar una serie de decisiones que lo vuelven, además de un personaje realista, un buen retrato de los líderes que nos han representado en eventos críticos de la historia mundial. 

De la muerte de Erwin podemos concluir que, bajo ciertas presiones, la verdad pasa a un segundo plano, sobre todo cuando la supervivencia de la mayoría está en juego. Teniendo esto en cuenta, la única forma en la que Erwin podía redimirse a sí mismo, como le dijera Levi a Hange, era muriendo. Así, el espectador conoce al Erwin vulnerable que estaba decidido a comprobar, con hechos irrefutables, que era el propietario del verdadero conocimiento, es decir, la verdad.

El héroe prometeico y su batalla con lo intelectualmente correcto

Prometeo, Peter Paul Rubens

En el mito de Prometeo, según la versión de Esquilo, Prometeo es un símbolo de resistencia frente a la tiranía del gobierno de Zeus, que mantiene a los seres humanos alejados de todo conocimiento y bajo el funesto yugo de la angustia mortal. 

“¿Quién, si no yo, puso fin a los terrores de los sueños?”, Prometeo se pregunta en uno de sus soliloquios. De la misma manera, Erwin representa, con su sacrificio,  la oportunidad de que sus compatriotas logren acceder a una libertad que nunca han poseído. 

Dispuesto a soportar el dolor antes que someterse, el comandante Smith genera en sus subordinados sentimientos de lealtad que los guían a una muerte trágica. Ninguno de esos hombres y mujeres cargó, por ejemplo, contra el Titán Bestia porque fueran conscientes del dolor que estaban a punto de enfrentar, sino que, como pasa siempre, el discurso de Erwin les infunde valor y crea en ellos un halo de esperanza que se expande en el último capítulo de la tercera temporada, en esa escena frente al mar en la que vemos por última vez al Eren que Erwin dejó en manos de los otros (y cuyo destino resulta fatal). 

Yo enseñé a los mortales a pensar. 4

Como héroe trágico por excelencia, Prometeo ofrece a los seres humanos el fuego que roba de manos de Zeus, una clara referencia a la luz del conocimiento, las artes y la ciencia. Del mismo modo, Erwin se sacrifica a sí mismo y ofrece al resto la oportunidad de liquidar al Titán Bestia, y así poder llegar al sótano (el fuego). 

Una versión más moderna del mito es la novela gótica Frankenstein escrita por Mary Shelley, en la que el conocimiento tiene aristas peligrosas y cuyo (ab)uso lleva al hombre al temible infierno frío en el que la soberbia es el peor de los pecados. Sin embargo, esta visión apunta más a la necesidad humana de poder, un tema abordado en SNK en otros personajes aunque no de manera tan profunda. 

Al ser una figura heróica, un arco prometeico está dotado de ciertas características que construyen a personajes humanos y dan paso a un dilema moral constante; estas son 1) la rebeldía y 2) la redención. Los actos rebeldes como puntos de inflexión impulsan al personaje hacia un destino que puede o no convertirse en un desenlace trágico. 

Si el personaje en cuestión, como en el caso de Erwin, toma decisiones moralmente ambiguas, puede correr el riesgo de inclinar su balanza moral hacia un lugar más oscuro, como pasa a Ozymandias en Watchmen, personaje en el que el creador de SNK basó a Erwin, aunque se cree que posee elementos de un personaje histórico que luchó en las filas del nazismo y que se opuso fervientemente a las órdenes de matanza masivas que recibió hasta su muerte. 

La rebeldía de los líderes como Ozymandias, además, carece de juicios que simplifiquen la moral, es decir, la reduzcan al concepto de lo bueno, lo malo o lo peor; Ozymandias está dispuesto a cometer crímenes atroces para salvar al grueso de la población, siendo estos algunos ejemplos: 

  1. Fomentar la unión mundial al diseñar una invasión alien ficticia que termina con el genocidio de más de tres millones de personas. 
  2. Asesinar a los científicos que diseñaron el plan anterior para mantener esta verdad oculta y así sostener la unión en el tiempo. 
  3. Asesinar a su mentor para evitar que éste pueda convertirse en una oposición peligrosa. 

Además de estas, Ozymandias toma muchas más decisiones que convierten la verdad en un utilitarismo extremo, que profesa que si un mal asegura el bienestar de la mayoría, pérdidas menores están justificadas. De cara a los eventos que enfrenta, cree estar por encima del bien y del mal y que «la verdad» de un pequeño grupo puede llevar a la aniquilación total de la humanidad (algo que intentará evitar por todos los medios).

Pese a su calidad de personaje de ficción, Ozymandias a su vez comparte características con personajes de la vida real, tales como: 

  1. Napoleón Bonaparte, que se autoproclamó emperador después de liderar la rebelión contra la monarquía. 
  2. Winston Churchill, que supuestamente decidió no evacuar Coventry para no exponer su estrategia a los nazis, causando así la muerte de personas inocentes, la gran mayoría civiles. 
  3. Robespierre, que impulsó el Reino del Terror, bajo el cual estaba justificado sacrificar a cientos de personas para purificar la sociedad. 
  4. Harry S. Truman, que autorizó la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, a través de la cual se consiguió la paz mundial (con el no pequeño coste de 200,000 vidas inocentes). 

Y la lista continúa. 

A pesar de que estos métodos son considerablemente medidas desesperadas, el utilitarismo extremo no surge en situaciones comunes de los gobiernos, sino que nace de la necesidad frente a eventos que amenazan la vida de millones de personas. 

Normalmente, esta postura es radical y no presenta inclinaciones hacia atenuantes religiosos o dogmáticos, intenta maximizar el bienestar colectivo en momentos en los que hay poco tiempo y riesgos altos; bajo esta línea de pensamiento, los principios absolutos como el cielo o el infierno, no tienen cabida.

Aunque puede ser lógico en papel, suele tener implicaciones éticas deshumanizantes y frías y reduce las vidas humanas a una cuestión meramente matemática. La idea del sacrificio racionalizado, como vemos en Erwin, es y será siempre el eje central de su desarrollo y, por lo regular, está dispuesto a lidiar con la carga moral posterior. 

El arco prometeico, además de estar altamente relacionado con las ambigüedades morales, comparte altibajos a través de su desarrollo, llegando a experimentar momentos de alta tensión moral, en los que se verá obligado a batallar internamente. 

Por lo general, estos debates tienen lugar en el mundo mental del personaje y son pocas veces externados a otros personajes. Esto sucede principalmente porque el personaje es consciente del peso y las consecuencias de sus decisiones y, aunque puede ser que esté deseando no compartir el poder, es más plausible que se trate de la necesidad de no dejar que otros se manchen las manos de sangre. 

Para Erwin, pocos de sus colegas eran capaces de llevar en los hombros dicha carga, y dejaba únicamente el peso de la brutalidad y las decisiones lógicas, en Levi y Hange, respectivamente. 

En su discurso final, antes de la carga suicida, el comandante señala que la única forma de resistirse a la crueldad del mundo es decidiendo cuándo, dónde y por qué entregar la vida. Además de otros detalles, Isayama5, el creador del manga, también comentó que para él, y muy a título personal, mientras más grande (a nivel intelectual) es una persona, mayor será su cantidad de grietas humanas. 

Esto sugiere que el acto suicida de Erwin no fue sólo un acto heroico sino también la culminación de todas sus batallas internas, por las que terminó de inclinarse hacia el bien mayor, sacrificando sus deseos personales y, como dijera Levi, dejando atrás su sueño de conocer la verdad. 

Como dijimos antes, la historia de Japón con las cargas suicidas es bastante compleja, y la que podemos ver en SNK trae a la memoria una en específico: la Batalla de Shiroyama (1877), en la que 400 samuráis cargaron contra cientos de miles de soldados imperiales, armados con artillería pesada. Según lo que contienen los archivos acerca de esto, la batalla es conmemorada como el final de una era. 

De la misma manera, podemos argumentar que la batalla por Shiganshina significó, en SNK, el fin de la era de la oscuridad y el principio de una nueva historia, esta vez dirigida por otros personajes. 

Pero ¿es eso lo que busca realmente el personaje prometeico? 

En otras versiones del mismo mito, Prometeo roba la luz a un dios y lo entrega irresponsablemente a una raza que no puede controlar su sed de poder. A modo de ilustración, en El moderno prometeo, Victor Frankenstein usa la ciencia para dar vida a una criatura que luego, inspirado por el abandono, lo persigue y caza hasta su muerte. 

Frente al pecado que ha cometido, Frankenstein se cuestiona a sí mismo acerca de su creación y la soberbia que lo llevó a aislarse del mundo, pues no creyó que nadie en su campo científico pudiera comprender los alcances de su genio (ni sus necesidades de grandeza). De este modo, tanto el Prometeo de Percy Shelley como Frankenstein en la novela de Mary, son víctimas de su propio ego, quedando encadenados a un destino fatal, pero otorgando a la humanidad el poder que antes sólo le pertenecía a Dios a través de las mujeres (dar vida). 

La transmisión de conocimiento tendrá, por lo tanto, un lado oscuro para el que el ser humano no siempre estará listo. Por ejemplo, al término de la Segunda Guerra Mundial, las ciudades japonesas Hiroshima y Nagasaki fueron destruidas con la bomba atómica, desarrollada por el físico teórico J. Robbert Oppenheimer.

Oppenheimer fue reclutado por el ejército aliado con el objetivo de ganar a los nazis en la creación de una bomba nuclear. El caso de Oppenheimer es uno de los más desgarradores y paradigmáticos de la historia, puesto que, aunque impulsado con un fin noble, vio todo su conocimiento convertirse, literalmente, en un arma de destrucción masiva (algo así como lo que Erwin, Levi y Hange hicieron con Eren). 

Como científico, se sintió impelido por un cierto sentido de la responsabilidad social, patriotismo y conciencia ética, pero estos mismos, después de detonadas las bombas, se transformaron en un dilema moral que significó una cárcel mental de la que no salió nunca. 

Durante la primera prueba de la bomba, Trinity, Oppenheimer citó el Bhagavad Gita: «Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos», externando así un profundo sentimiento de culpa y el conocimiento de que suya fue la responsabilidad por haber liberado al mundo algo incontrolable y devastador (como la criatura de Frankenstein, a quien aterrorizó la idea de que ésta se reprodujera y se convirtiera en la especie dominante de la Tierra). 

Tras el éxito de las bombas y la rendición de los nazis, Oppenheimer se pronunció en contra del uso indiscriminado de armas de destrucción masiva. En esa misma época, fue acusado de nexos con las facciones comunistas en el país, teniendo como consecuencia directa su expulsión del círculo de seguridad y la marginación total en los estratos gubernamentales. 

Oppenheimer jamás negó las implicaciones de sus actos y pasó el resto de su vida abogando por el control y la regulación de las armas nucleares, siendo incapaz de justificar su uso cuando los detractores de estos instrumentos lo confrontaban. Así, Oppenheimer hizo posible la transición entre eras. Creó un instrumento capaz de hacer retroceder a un enemigo amenazante, pero también proporcionó a los países creadores, el poder de instrumentalizar «la verdad». 

La bomba atómica obligó a los líderes japoneses a rendirse totalmente, pero también permitió que la muerte de inocentes fuera vista como un efecto colateral, el precio justo a pagar para obtener la paz mundial que los aliados estaban buscando. 

George Orwell escribió en la que consideramos una de sus obras más personales, Homenaje a Cataluña: 

Toda la propaganda bélica, todos los gritos, mentiras y odio, provienen invariablemente de gente que no lucha.

Sin embargo, también estaba en contra de la neutralidad en tiempos de injusticia. Su postura política siempre estuvo cargada de una historia personal, como él mismo cuenta sobre la experiencia de batallar en un frente de guerra: 

Vi un cuerpo humano derribado con una bala y supe con certeza que lo que estaba haciendo era malo.

Tanto Orwell como muchos otros pensadores que participaron en conflictos bélicos, señalaban su descontento con los bandos republicanos que usaban armas de destrucción masiva. Aun así, Orwell se mantuvo firme, y escribió que nunca tuvo dudas de que luchar contra el fascismo había sido la decisión correcta, porque en épocas de injusticia, quien no toma partido, se convierte en cómplice de los monstruos. 

En Homenaje a Cataluña, Orwell no sólo habla de su desilución con el comunismo soviético, sino también de la traición antifascista que, una vez llegar al poder, olvida por completo la única verdad sostenible: evitar el sufrimiento humano. 

Otros puntos de vista, como el del francés Albert Camus, señalan la búsqueda de la verdad como único móvil ético, aunque sea doloroso. En su obra La Peste, el doctor Rieux intenta encontrar la cura para la peste, sabiendo que tendrá que recorrer un arduo camino y que las posibilidades de que no podrá lograrlo son altas. 

Para Rieux, la verdad no es útil ni gratificante, sino que es lo correcto frente al horror. Algo que podemos ver en las sonrisas de Erwin, que aunque pocas no son producidas por sentimientos efímeros como la felicidad, sino por algo que supera al ser humano. Paz, tal vez, siendo esta el resultado de la búsqueda de la verdad, aunque signifique la muerte del héroe. 

Fútil o no, morir haciendo lo correcto es la última forma de dignidad humana, como dice Camus en La Peste: 

[…] Hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Otros personajes, como Antígona y Juana de Arco, presentan desarrollos prometeicos cuyo desenlace es el sacrificio personal en aras de un fin superior, este es, la verdad. 

¿Y qué es la verdad? ¿Es una cosa? ¿Un sentimiento? ¿Un grupo de valores? ¿Una filosofía?

Adaequatio intellectus et rei: La verdad se adecúa al entendimiento de quien la busca

Cuando Erwin confesó a Levi su obsesión por «la verdad», tanto sus verdaderas motivaciones como su carácter quedaron expuestos, mostrando finalmente su lado más humano y vulnerable. Levi aprende que su comandante busca la verdad por el vacío emocional que dejó la muerte de su padre, que, como señalaría Campbell, simbolizaría su llamado a la aventura6

La búsqueda de la verdad es crucial en el viaje del héroe clásico, pero la verdad podrá no coincidir con los valores del lector/espectador. Así que, ¿qué es la verdad? 

En la filosofía clásica, la verdad es el recuerdo de las ideas eternas, según Platón; la correspondencia entre pensamiento y realidad, según Aristóteles. Para algunos filósofos modernos como Descartes y Spinoza, sólo lo indubitable es cierto ( pienso, luego existo) y sólo aquello que se explica por sí mismo es cierto, respectivamente. 

Por otro lado, para críticos y pensadores de la posmodernidad, la verdad no es más que un ejército de metáforas (Nietszche)7, las verdades son producto del poder y del discurso (Foucault) y el lenguaje impide una verdad fija o absoluta (Derrida)8. Sin embargo, algunos filósofos analíticos creen que algo es verdadero si corresponde con los hechos del mundo (Tarski)9

Con todo, un individuo puede no ser portador de la verdad, debido a su falta de virtudes y principios morales, con lo cual: la virtud es conocimiento. Si una persona sabe qué es el bien, actuará bien (Sócrates)10; la virtud es armonía del alma (Platón, Las cuatro virtudes); la virtud es un hábito que se encuentra en el término11 medio entre dos extremos y ésta, a su vez, es el único camino a la eudaimonía, es decir, a la felicidad pura (Aristóteles).

Una visión más actual de esta postura, sería la de Hume, que describe la virtud como la capacidad de ser empáticos. O la de Philippa Foot y Elizabeth Anscombe, que llaman a no olvidar el valor moral de la ética en aras de la utilidad y el deber. Esto es, que aquello que se tiene que hacer no sea superior a lo que es ético en cualquier contexto. 

Por último, para Santo Tomás de Aquino veritas est adaequatio intellectus et rei (la verdad es la adecuación del entendimiento con la cosa). Siendo: 

Intellectus: El entendimiento, la facultad del alma humana que capta y juzga la realidad. 

Res: La cosa, el objeto real, aquello que existe fuera de la mente.

Adaequatio: La adecuación y la correspondencia, una concordancia entre el juicio del entendimiento y lo que realmente es la cosa.

Aun así, para Santo Tomás de Aquino no había tal cosa como una sola verdad, sino varias: 

  1. La verdad lógica o del entendimiento humano (decir que la nieve es blanca y que, de facto, el ojo humano pueda corroborar tal afirmación). 
  2. La verdad ontológica, en la que el árbol es verdadero porque es lo que se supone que tiene que ser según su naturaleza (tiene raíces, ramas, hojas, tronco, etc.). Entonces, su existencia (la verdad) no depende de que alguien lo piense, sino que es. 
  3. La verdad divina, en la que la verdad no depende de dos cosas y el juicio que se hace acerca de esas dos cosas, sino del intelecto divino que permite el juicio de la cosa que creó. 

Dicho lo anterior, el mal es lo contrario al bien cuando quien lo practica sabe lo que está haciendo y no se arrepiente del daño que sus actos pueden causar a la humanidad. La verdad no es el resultado de la búsqueda, sino las motivaciones del individuo y la forma en la que decide llegar a su objetivo. 

El arco de Erwin Smith está cargado de simbolismos bélicos y en él recae el peso de una trama filosóficamente trágica, pues sus decisiones tienen graves consecuencias. En el corto plazo, la carga suicida; en el largo, el inmenso poder con el que se hace Eren Jaeger, el último eslabón en la cadena de un conflicto que parece circular en la historia del anime. Casi como si, mágicamente, la rueda se reiniciara y todos olvidaran los hechos fatídicos que acabaron con la vida de miles de inocentes.

Quien olvida su historia está condenado a repetirla (Santayana, 1905).

Casi por fortuna, Erwin tiene tiempo de redimirse y muere como un héroe de guerra. En sus últimos momentos, hizo lo correcto al renunciar a sus motivaciones egoístas (la verdad), pagó el coste por ello a través de un sacrificio personal (fin del arco de redención), y le dio a sus compatriotas la esperanza para un mejor futuro (paz). Incluso si la que creía que era la verdad perdió sentido, su último respiro fue de tranquilidad y verdadera satisfacción humana. 

  1. Aristóteles. (2001). Poética. Editorial Gredos. ↩︎
  2. Wiki Attack on Titan ↩︎
  3. Archivos de la Segunda Guerra Mundial ↩︎
  4. Prometeo Encadenado, Esquilo ↩︎
  5. Transcripción de la entrevista al creador ↩︎
  6. El héroe de las mil caras, Joseph Campbell, 1991, p. 26. ↩︎
  7. Nietzsche, F. (2002). Así Habló Zaratustra. Ediciones Akal. ↩︎
  8. La deconstrucción de Jacques Derrida ↩︎
  9. Teoría semántica de la verdad ↩︎
  10. Alegoría de la caverna ↩︎
  11. La República, Platón ↩︎


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