
Hay una autora de novelas de fantasía y romance a la que se acusó, en 2024, de haber plagiado no sólo el primer libro sino toda su saga. Esta demanda fue interpuesta en 2022.
La novela acusada de ser un plagio es Crave, de la autora estadunidense Tracy Wolff, que fue publicada por el sello de Entangled en 2021.
Por si nunca habían escuchado hablar de estos libros, Crave es un libro de literatura fantástica y juvenil, que trata de una chica que se muda a un sitio remoto y que ingresa en un instituto raro, Katmere, y en el que cruza su camino con un vampiro.
Palabras más palabras menos, la serie consta de seis libros y ha sido número uno en la lista de bestsellers de The New York Times.
Sé que suena complicado pero la argumentación de la demanda sí es muy polémica, así que si quieren enterarse de lo que sucedió, quédense conmigo un ratito porque una servidora leyó todo el documento y procederá a contarles los fundamentos y toda la problemática que encierra a este suceso.
TikTok y el fast publishing
Hace algún tiempo leí un artículo sobre Fourth Wing, que es el primer tomo de una serie y que se tradujo al español como Alas de Sangre.
Fue uno de los libros más virales de los últimos años y no sólo en booktok, la comunidad conformada por lectores en la red social TikTok, sino en otras redes como Twitter/X e Instagram.
Fourth Wing, para hacernos una idea, comparte números de ventas con otras dos autoras que también han liderado las listas bestellers durante un largo tiempo.
Sarah J. Maas con su saga Una corte de rosas y espinas, o ACOTAR, y la ya bien sabida polémica Colleen Hoover con su todavía más polémica novela de ficción, Romper el círculo.
A través de la viralización de novelas de dark romance como Haunting Adaline y Lascivia, nos queda claro que booktok se ha convertido en estas épocas en el método infalible para que las autoras lleguen a miles de lectores, y esto es algo que no ha pasado desapercibido para la industria editorial.
Como todo, y con la evolución de las redes, el marketing editorial se ha tornado más humanizado si podemos llamarle así. En este artículo, Jessica Carl habla de cómo Fourth Wing ha cambiado la industria de la publicación. Pero, desde mi perspectiva, no es tanto que haya cambiado sino que ahora lo podemos ver en vivo y en directo.
De hecho podemos remitirnos a una de las novelas emblema del realismo francés, Las ilusiones perdidas, en la que Balzac critica ferozmente a la industria tanto de la imprenta como de la publicación.
En Las ilusiones hay un personaje que es la viva imagen de los autores que nacieron, digamos, con algún tipo de genio: Dartés, con quien Lucien, el protagonista, comparte una amistad que muchos han catalogado como tensa a niveles sexuales, pero que, fuera de ello, permite que admiremos de cerca el proceso creativo de un escritor, así como las evidentes penurias por las que se transita mientras se abren un espacio en el elitista y despótico mundo de la publicación de esa época.
Bueno, de esa época, de la que siguió y de esta aparentemente: porque a Fourth Wing se le acusa de ser un libro de la misma calidad que tiene la ropa brotada y parida en un fast fashion.
Otro contemporáneo que ha sido duro con este tema es Vargas Llosa, que en su ensayo sobre Madame Bovary, La orgía perpetua, hace un breve pero contundente guiño. Así que más bien, desde que las publicaciones masivas comenzaron a salir de Wattpad, se idealizó a la publicación “tradicional”, de la misma manera que se endiosan los “viejos tiempos”, casi como si alguien hubiera borrado de un manotazo la historia.
Siempre ha existido la literatura de baja calidad, por bautizarla con algún nombre, y ni siquiera el dark romance, que tanto debate provoca, es un tema nuevo.
Como subgénero el dark romance no tiene un origen particular pero la mayoría de los creadores de contenido que lo consumen cruzaron una línea sin darse cuenta, al menos por los datos que hemos podido revisar en las lecturas de las booktokers más populares de la plataforma.
Podríamos incluso dibujar un mapa de cómo la novela de romance ha transitado un viaje lleno de espinas a través del tiempo, comenzando su introducción posiblemente en Pamela, de Richardson, y de alguna manera llegando a Crepúsculo, la saga que convirtió a uno de las criaturas mitológicas en un objeto visualmente deseable, menos grotesco que el Drácula en el que se convertía Gary Oldman en la adaptación de Coppola.
No hay muchos datos duros todavía acerca de lo que creemos es un fenómeno literario, el nacimiento de una estética que se asemeja al romanticismo oscuro que se desprendió de Stoker, Shelley y compañía, y acabó, de alguna manera u otra, convirtiéndose en historias como Cincuenta Sombras de Grey, cuyo protagonista abrió de pleno la puerta a tramas en las que la violación, el secuestro y la sodomía, son un vehículo de proyección, esta vez a través de la literatura.
Soy consciente de que algunos van a necesitar derecho a réplica, pero tengan paciencia.
El dark romance no necesita ni defensores ni detractores, sólo tenemos que analizar su surgimiento y observar cómo se incorpora o desaparece de los hábitos lectores, pues así como a Fourth Wing se le considera un libro de baja calidad, hay muchos otros que están bajo la lupa.
La columnista describe un evento que se suscitó en la Comic Con de Nueva York, a la que asistió Rebecca Yarros, autora de Fourth Wing y en la que una lectora le preguntó cómo se pronunciaban algunos de los nombres propios que se mencionan en la novela.
Rebecca intentó responder, sí, pero si bien en el momento no se le increpó, en booktok una creadora de contenido de literatura, fan de su saga, se mostró indignada por su desconocimiento del escocés-gaélico, lengua que usó para formar la de su mundo.
La creadora de contenido, de origen escocés, no sólo señala la falta de respeto que le parece que Rebecca sea tan condescendiente con el tema, sino que además remarca lo que pareciera ser una falta de documentación en torno al uso de la lengua escocés-gaélica.
La documentación para una novela
Para muchos, la chica que hizo esta crítica exageró, y recibió mucho odio a cambio, comentarios en los que señalan que ningún autor puede quizá saber todo lo que sus personajes, algo que suscribo porque para eso un autor debe de documentarse y contar con una red de lectores cero, es decir, beta readers.
Y ese, creo, es el mayor problema o algo de lo que se han percatado muchos: que si Rebecca no sabe cómo se pronuncia una considerable cantidad de palabras de la jerga en su novela, y además malversa la gramática de una lengua que ya muy pocas personas hablan en la actualidad como lo es el escocés-gaélico, hay una fuerte posibilidad de que no se haya documentado.
A este respecto, las lectoras dicen que “si se tratara de un autor sin los recursos podríamos entenderlo, pero no es el caso de Rebecca, que es una autora que se está forrando los bolsillos”.
En otros de mis artículos he hablado sobre lo que es la suspensión de la incredulidad, pero a grandes rasgos, es un recurso del cual hacen uso guionistas y escritores para hacer funcionar los universos que están desarrollando y que así, el lector o espectador, pueda entenderlos sin sentir que está traspasando algún tipo de lógica.
Los que están versados en la construcción de mundos lo saben, pero para los que no: que un universo tenga su propia lógica no quiere decir que pueda violarla.
Si bien el autor es el creador, su primera tarea al desarrollar el mundo, esto es política, sistema de magia, construcciones sociales (si hablamos de novelas como Dune o El señor de los anillos), será la de hacer avanzar la trama sin traspasar las barreras de su propio mundo.
Cuando un autor se salta la lógica de su propio universo, es decir de su canon, podemos decir que es una historia con huecos argumentales, plotholes en la jerga inglesa.
Para mí, la crítica que hizo esta chica es perfectamente válida, pues además de apuntar a la parte “amoral” de la aparente indocumentación de Rebecca, también le explicó que los adjetivos y los sustantivos no se ordenaban como ella lo había hecho en Fourth Wing.
Por otro lado, pienso que si hay lectores y lectoras a las que no les molesta esto, no quiere decir que esté bien hecho o que el error sea subjetivo, simplemente significa que el error escapa a su entendimiento o a sus conocimientos.
Mi abuela diría: lo que no ves no te hace daño, pero mejor pregunta.
¿Quiere esto decir que no nos puede gustar algo que tiene errores? La verdad es que no, y si hay alguien que diga lo contrario que me señale a un autor consagrado que no haya cometido algún error canónico en torno a su obra.
Tolkien existió pero no sé si eso va a volver a suceder alguna vez.
Después cancelaron a Rebecca pero por un tema político, para ser más exactos, por su posicionamiento en favor de Israel, aunque lo que esta servidora leyó es que ella habló de un evento en particular. No seguí este drama de cerca así que tampoco pretendo meterme mucho.

¿Podemos pasar por alto los errores lingüísticos cometidos por Rebecca?
Me parece que es una redundancia. El grupo al que le molesta es muy reducido, pero la protesta es válida, y con todo y esto, existen las segundas y terceras ediciones.
El mismo George RR Martin, creo recordar, definió tan sólo seis o siete palabras del alto valyrio por la dificultad que implicaba. Y más tarde admitiría dos cosas importantes sobre su saga Juego de Tronos:
- Que las primeras ediciones tenían erratas bastante considerables.
- Que tuvo que reescribir la historia de los Targaryen
Muchos creen que en Danza de Dragones Martin se mandó uno de los peores errores a nivel narrativo, el temido nudo gordiano. Un problema en la trama causado por la cantidad de subtramas que un autor llega a plantear y, tras no poder resolverlas según el canon, dilapida con incoherencias.
Acá esta el ensayo por si quieren leerlo.
Lo que trato de decir es que no, ni siquiera con una mesa completa de correctores de texto, editores especializados y lectores de prueba, un libro puede quedar perfecto.
Hay muchos productos que hoy en día tienen la calidad que tienen porque han pasado por innumerables ediciones, así que podemos elevar la queja pero no creo que sea necesario pedirle a nadie que se retire de una carrera que ha costado construir.
¿Quiénes se involucran en el desarrollo de una lengua?
Hace algunos años James Cameron vino a México y recuerdo que alguien lo increpó sobre la lengua que hablaban los Omaticaya en Avatar, la raza que él también creó para su película.
El tema es extenso y podemos discutirlo por partes más adelante, pero para no hacer largo el cuento, necesitas conocimientos básicos de lingüística y filología.
Para autores noveles crear una lengua es el triple sino es que elevado a la décima potencia de difícil desarrollar una lengua para que hablen personajes que habitan nuestro universo, pero hay algunos bien dotados que lo consiguieron.
Tolkien desarrolló, me parece, una familia completa de lenguas élficas, el sindarin, el silvano y el quenya, siendo esta última la más desarrollada. Según este canon, el sindarin es la lengua más hablada, y también se le conoce como élfico gris. En cuanto al silvano, es más bien un dialecto del sindarin y derivó del nandorin.
Tengo entendido que también dejó a medias el desarollo de las lenguas de los hombres de Rohan, además de esbozar las lenguas de los orcos, que estaban mezcladas con las de los hombres.
Pero…
Tolkien era filólogo y estaba especializado en inglés antiguo. Para Tolkien la construcción de lenguas era un hobby.
A mí me gusta colorear libros para el estrés…
Para quien no tenga estas herramientas, hay algunos elementos que pueden servir de apoyo si tienen intención de construir una lengua para sus novelas porque, recuerden, que sea ficción no quiere decir que no necesitemos elegir una familia vocal, reglas gramaticales y, por tanto, un origen lingüístico.
En realidad creo que si echan ojo a una lengua y eligen una en particular, pueden por lo menos desarrollar una propia que sea semejante a la existente, basándose en las reglas que la conforman.
Este particular error lo noté la última vez en Una corte de rosas y espinas; los sustantivos de la novela eran extraños y no parecían tener relación lingüística unos con otros, pero no profundicé en el tema porque es una historia que creo que es más de romance que de fantasía y, aun cuando me gusta leer romance, a veces también pueden ser errores de traducción, pero honestamente no sentí que ACOTAR fuera así de importante como para investigar su edición en inglés y cotejar esto.
Cuando leí ese libro me “funaron” en un grupo de lectura a pesar de señalar que me gustaba la ambientación de la historia y que creía que Sarah tenía potencial en este sentido.
Los que me conocen saben que no suelo ser una odiante al acecho, no destruyo novelas, menos a autoras y autores, nada más porque no me hayan gustado sus historias, pero si me apetece analizar algo lo voy a hacer y es triste que ahora todo tenga que ser subjetivo y que en ese afán porque no se critique aquello que nos gusta se pierda la oportunidad de mejorar.
Les prometo que podemos usar Haunting Adaline para enseñar filosofía básica. Díganme si quieren hacerlo.
Las novelas que nos parecen mal escritas también pueden usarse en un aula de clases para saber qué no hacer y proponer cómo repararlo. Al menos eso me gustaría pero no intento imponerlo.
Sin importar las veces que hayan intentado cancelar a Sarah jamás me sumo a este tipo de comportamientos, pero no puedo dejar de ver que en ACOTAR, sus sustantivos parecen estar cogidos por los pelos: unos del latín, otros del alto alemán, otros de alguna lengua eslava y así, siempre que parecieran “bonitos”.
O, como dije, puede ser un error de traducción.
Construir una lengua no es algo subjetivo, requiere de ciertos conocimientos que no nos podemos saltar.
Tolkien dio una conferencia llamada El vicio secreto, se las recomiendo mucho si están interesados en el tema.
De nuevo, del lado de las autoras podemos disculpar hasta cierto punto que carezcan de estos conocimientos, y que además no tengan a los lectores especializados en este tipo de datos, pero a quien no se lo podemos perdonar es lisa y llanamente a las editoriales.
El (mal)trabajo editorial
En su libro Mientras Escribo, Stephen King relata, sobre la importancia de tener lectores cero, que es su costumbre guardar las novelas ni bien las termina, por lo menos un mes, y luego reescribirlas. Después de terminar esto, entrega este primer borrador a sus lectores beta, para lo que identifica las necesidades de la historia.
Cuenta que para uno de esos procesos tuvo un protagonista que en determinado momento debía disparar un arma, así que le dio el manuscrito al amigo de un amigo suyo que era especialista en armas y municiones.
Este hombre detectó todas las falencias en las descripciones del uso que le daba el personaje a sus armas, aunque en la novela era un veterano.
Sin la corrección de este experto King hubiera entregado un manuscrito con errores de concepto, algo que en el proceso de edición puede o no revisarse.
Al menos, en mi experiencia y sin dar nombres, muchos grupos editoriales ya no priorizan la corrección de estilo y de concepto, que son las que se encargan de mejorar y potenciar la voz narrativa del autor (la primera) y revisar los conceptos que conforman la trama (la segunda).
Las correcciones de estilo y concepto son las más caras así que nos hacemos una idea de por qué se las elude. Aunque no lo entendemos cuando se trata de novelas de tanto éxito…
En resumen: la identidad de un personaje no sólo son sus preferencias sino, a pesar de que no suene bonito, qué hace en su vida diaria, lo que aprendió y también lo que quiere aprender. Entonces, si un personaje es médico, lo ideal sería que un lector cero tuviera conocimientos básicos o que, si no se cuenta con los recursos, el autor hiciera una investigación exhaustiva que le permita explorar el tema.
Rebecca Yarros puede no haber tenido ninguna amiga que hablase escocés-gaélico para que le ayudara con los sustantivos de su novela, y puede incluso haber escrito sin los recursos inicialmente, pero, y aquí tenemos la cruda realidad, Fourth Wing fue el libro más vendido en 2022; por lo menos diez personas tuvieron que haber leído esa novela antes de su publicación y, ya estando publicado, se le tuvieron que hacer revisiones puesto que han sacado cantidades insanas de ediciones especiales.
Rebecca puede tener una excusa, pero la editorial, conformada por gente que debe, queremos pensar, saber lo que hace, no tiene ninguna. La editorial tiene los recursos, tiene al personal y tiene las oportunidades.
Hacia la editorial es a donde creo que deberíamos dirigir las interrogantes porque, como señalaba el artículo, Fourth Wing ha anunciado una sola edición especial con nueva cubierta pero ningún cambio (como señalan algunos lectores) y esta se ha agotado en menos de veinticuatro horas.
Según Publisher Weekly, cuando Fourth Wing se anunció en español, en su primer semestre vendió trescientas mil copias.
A estas alturas se han vendido los derechos de reproducción para convertir la saga en películas (a Amazon Prime), pero otro señalamiento que se le hace y que es protagonista en el artículo que estamos discutiendo, es que las secuelas de Fourth Wing están saliendo demasiado rápido.
Ya algunas amigas me han pedido que analice a profundidad el tema, porque trabajo como redactora y lectora editorial y es que hay personas que creen que Rebecca no está escribiendo sus propios libros. Personalmente no creo que los lectores tengan culpa por leer lo que leen, sino que siento que estamos criticando al lado equivocado.
Lo ratifico porque, por si fuera poco, Entangled (la editorial de Fourth Wing) es la editorial de Tracy Wolff, la autora de la saga Crave que mencioné al inicio.
La editorial admitió parte de las acusaciones de plagio en contra de Tracy, lo que nos dejaría claro que es un grupo con muy poca ética, entonces, que Rebecca Yarros tuviera escritor fantasma no sería raro y eso explicaría la velocidad a la que han sido publicadas sus subsecuentes novelas después de Fourth Wing.

Creo que los que más conocen la voz narrativa de Rebecca tienen derecho a levantar una ceja y preguntarse si es que está escribiendo un fantasma o si acaso están usando una inteligencia artificial, actividad que ya otras editoriales han llevado a cabo, no olvidemos.
Esto a todas luces no es un crimen pero rompe la relación autor-lector que es lo que le da tanto éxito a estas novelas, pues estoy completamente segura de que quienes leen y siguen estas sagas se sienten parte de una comunidad y, cuando se descubre mala praxis por parte de la editorial y avalada por la autora, ese sentimiento de tribu se rompe.
Es subestimar la inteligencia de los y las lectoras, y a nadie le gusta que le engañen cualquiera que sea la justificación. Peor será el caso si se trata sólo de dinero, como ya muchos creen que es.

Una amiga me dijo que Rebecca había respondido a un comentario con el argumento de que ella era perfectamente capaz de escribir un libro en tres meses y sí, tiene razón: un primer borrador puede salir del horno en tres meses, pero ¿y el proceso de edición? ¿Se hace a la par?
Esto inevitablemente me recuerda mucho a lo que decía Borges: no se apresuren a publicar.
Un primer borrador no es material para entregar a los lectores porque, además de no haber pasado por un proceso de reescritura, estará lleno de las erratas de la subjetividad. Como lectora de pruebas, redactora y correctora, no me veo a mí misma entregando un manuscrito en menos de un mes.
Además de ilógico, suena fraudulento.
Es a partir de esta premisa que se compara a la industria de la publicación con el fast fashion, pero por triste que me parezca debo admitir que no es algo nuevo, es un fenómeno que cambió de casa; empezó con Wattpad, que luego pasó a formar parte de Webtoon y que colabora con Penguin Random House.
Si se están preguntando por qué es importante que hablemos de estos temas, pues permítanme decirles que si dejamos de exigir que nos entreguen productos de calidad, estas empresas se van a seguir aprovechando de que “todo es subjetivo” y “no tiene que ser perfecto para que me guste”.
Es verdad que no exigimos perfección pues un texto está escrito por un humano, editado y corregido por humanos, pero para una saga que ha vendido millones de ejemplares resulta inverosímil que no pueden, ni siquiera, entregar un audiolibro con la pronunciación correcta de una lengua.
No sé ustedes, pero para mí suena a que ellos saben que muy posiblemente, el lector promedio no se dará cuenta.
Para estos grupos pagar una mesa de correctores y lectores especializados no debería de ser problema. Para la extensión que tiene Fourth Wing, ya les digo que esa edición no les costó ni seis mil dólares.
En esta profesión pagan más los escritores independientes antes que ellos, así que es un chiste que quieran ahorrarse hasta el último centavo en contratar a gente que pueda hacer lo que, quedó claro, su autora no hizo.
Seguramente gastan más en la distribución, pero son empresas que tienen contratos con imprentas c0n mucha capacidad, les aseguro que ganan dinero, y ganan más de lo que las autoras van a poder ver nunca.
Cierto es que no eximo de la responsabilidad de no documentarse a Rebecca, me parece imperdonable que ni Red Tower, el sello neófito que publicó a Fourth Wing, ni Entangled, la editorial, hayan decidido no revisar que la construcción de la lengua fuera coherente.
Y hablando de Entangled…
Lynne Freeman y Blue Moon Rising
Había decidido hablar del tema hace mucho pero no me dio tiempo y sentí que se apaciguaron las aguas, sin embargo, The New Yorker acaba de sacar un artículo sobre la enorme demanda que ha puesto Lynne Freeman en contra no sólo de Tracy Wolff, sino también de Macmillan, la distribuidora, Entangled, la editorial, las editoras y por último Universal Studios.
En la demanda contra todas estas personas, morales o físicas, se establece un motivo de “traición” y se describen los hechos desde que Lynne Freeman envió por primera vez su manuscrito a un editor británico que es mencionado en el documento.
Los editores de habla inglesa siguen utilizando el mecanismo editorial > agente > autor para poder concretar acuerdos de publicación. Freeman le hizo llegar primero su manuscrito a un editor de Harper Collins Reino Unido, mismo que le dijo que tenían todo su catálogo programado para el año y le sugirió conseguirse a un agente.
El editor de HC además le dio una lista de editores en Reino Unido para que, una vez tuviera un agente, pudiera enviarle su texto, al que alabó aunque no pudo aceptarlo.
Freeman entonces contrató a una agencia para la que trabajaba a la que llamaremos Agente Kim, porque se la menciona mucho en la demanda, y a partir de ese momento comenzaría una ardua labor de edición en conjunto.
La demanda abre con el señalamiento de que se traicionó y transgredieron los derechos intelectuales de Lynne Freeman, por lo que, al ser una demanda de carácter civil, y por su corte empresarial, asumimos que más que recuperar las ganancias Freeman quiere que se reconozca que la idea original fue suya, que la concepción le fue hurtada y que, no contentos con lo anterior, los involucrados cometieron un acto fraudulento en su contra.
Esta agencia para la que Agente Kim trabaja insistió en que la indicada para hacer el trabajo era Kim porque, le aseguraron, había sido ella quien descubriera Crepúsculo, o sea, Twilight, la saga superventas escrita por Stephanie Meyer, también inmiscuida en este embrollo, más adelante desarrollaremos su posible participación.
Freeman leyó Crave en 2021 y luego de hacerlo se dio cuenta de todas las similitudes que esta tenía con Blue Moon Rising, su novela, aunque evidentemente alguien la había reescrito.
Entre algunas de las similitudes encontró que la historia de Crave, como la suya, también se desarrollaba en Anchorage, Alaska; la protagonista originalmente residía en San Diego y, a la muerte de sus padres, tiene que mudarse.
Muchos de los detalles que se señalan en la demanda como plagios, tienen este corte genérico que podemos ver a menudo en las novelas de fantasía juvenil de hoy en día. Podríamos argumentar que son tópicos tan vistos y usados que es imposible que sea un plagio como tal, pero hay elementos que impiden pasar por alto las semejanzas.
Por ejemplo, Agente Kim presentó a Tracy y a Lynne en 2012, durante un evento de novela de romance en Anaheim, California; además de preguntarle cosas personales, también la increparon acerca de los detalles más “identitarios” de su obra.
Una de las cosas en las que hicieron mayor hincapié, aparentemente tenía que ver con las razones por las que había decidido ambientar en Alaska.
En ese entonces, Lynne respondió que se debía a las auroras boreales, a través de las cuales los personajes de BMR obtenían su energía vital.
Si comparamos esto con lo que dice Tracy… saquen sus propias conclusiones.
Esto quizá tampoco es suficiente para sostener el argumento del plagio, pero hubo más comportamientos que hicieron que Freeman sumara dos más dos. Para empezar, ella comenzó sus comunicaciones con Agente Kim en 2010, y a lo largo de tres casi cuatro años, intercambiaron llamadas, mensajes y correos electrónicos con indicaciones precisas.
Después de decirle que le encantaba BMR, Agente Kim le aseguró que sólo harían pequeños ajustes, pero esos ajustes se convirtieron en alrededor de cuarenta y cinco versiones del mismo manuscrito.
Tras leer Crave, además de que algunas escenas parecidas ocurrían a la misma altura en ambos libros, Freeman notó que este contenía detalles que sólo se habían discutido por email (estos detalles se encuentran en el descargo de la demanda y, créanme, son demasiados).
Lynne no había escrito las secuelas de BMR, así que sólo le había relatado detalles del worldbuilding a Agente Kim.
Para 2014, Agente Kim le aseguró a Freeman que no sabía a quién más enviarle el manuscrito, y comentó: “no hay mercado para lo que quieres escribir”. Por si fuera poco, le sugirió que escribiera contemporáneo y erótico, a lo que ella se negó rotundamente.
Ese mismo año finalizaron su relación laboral.

Editoriales que fabrican autoras
Uno de los compromisos que Agente Kim adquirió con Freeman fue el de priorizar su bienestar como autora por encima del suyo como representante de la agencia, pero Freeman recuerda que una de las últimas peticiones de la agente fue una sinopsis e introducción de la historia.
Creo que no cumplió su parte.
En septiembre de 2022, en una carta previa escrita por Lynne Freeman, para el editor de Entangled, Freeman señalaba su preocupación a causa de las similitudes. El editor respondió que ni ellos ni la agente Kim sabían del asunto, pero el abogado de Freeman replicó, apuntando a una “interesante respuesta” ya que Lynne tenía cientos y cientos de emails entre ambas que comprobaban la relación, los cambios y los miles de preguntas que Kim le hiciera sobre Blue Moon Rising.
Tras esta confrontación, Entangled aceptó haber recibido el manuscrito de Freeman en 2013, pero reconoce que en ese momento no se ajustaba a su catálogo.
Tampoco se les ocurrió buscarla cuando el mercado cambió. Qué listillos.
Como sea, Entangled no refutó que la idea fuera copiada, sino que mandó a Liz Pelletier, una de las editoras de Tracy Wolff, a responder, y ella dijo, citamos:
La saga Crave fue un trabajo en conjunto. Le dimos a Tracy la trama, las locaciones, los personajes y las escenas y ella participó en la redacción y en el proceso de edición.
CUAC.
Según esto, las ideas de la saga Crave pertenecen en su totalidad a Entangled, particularmente de Stacy Adams y la editora en jefe, Liz Pelletier, que además es amiga de la Agente Kim.
A estas alturas, la editorial ya había aceptado que Tracy no es la propietaria intelectual ni creativa de la obra. Podemos suponer que de ninguna de las secuelas, cuyo orden de publicación es el siguiente:
Crave #1, Abril 7 de 2020
Crush #2, Sept 29 de 2020
Covet #3, Mar 2 de 2021
Court #4, Feb 1 de 2022
Si ustedes me preguntan a mí, y a juzgar por el corto lapso entre la publicación de Crave y sus secuelas, esta gente armó el circo o al menos la premisa, desde que Kim presentara a Freeman con Tracy.
A todo esto, mencioné que Stephanie Meyer estaba involucrada. En el primer libro, Crave, Tracy agradece alguna especie de apoyo moral a Meyer, es decir, la autora de Twilight. Meyer es, en efecto, amiga de Agente Kim.
Muchos llegaron a comparar Crave con Crepúsculo, por lo que no sería de extrañar que le hayan pedido a Stephanie que bautizara la saga Crave para evitar malentendidos. Pero bueno, este en que se metieron ha sido muchísimo peor.
La escritura fantasma
Como bien señala The New Yorker en su artículo, el plagio creativo no existe. Para que un plagio sea considerado como tal por una corte, debe de tener una cantidad considerable de similitudes textuales. Líneas completas copiadas digamos.
De todos modos, si me permiten decirlo, creo que como Escritora Fabricada, Tracy no tiene mucho talento. Entiendo por qué la saga les gusta tanto a muchas y muchos, pero no es un libro complejo ni que aporte demasiado a la literatura universal.
Si algo han aportado las publicaciones de Fourth Wing, Crave y ACOTAR, es una serie de interrogantes que me parece justo que nos hagamos.
No es algo inaudito que las editoriales contraten a escritores fantasmas para redactar libros que ciertas figuras no pueden. Lo hizo Donald Trump, por ejemplo, y lo hacen la mayoría de políticos que no cuentan ni con el tiempo ni quizá con las herramientas de redacción y estilo para escribir un manuscrito de por lo menos ochenta mil palabras.
Además, un escritor fantasma también hace una profunda investigación acerca de los temas que va a redactar y del tono narrativo del autor que pretende imitar. En redacción también tenemos ritmos y tonos, así que la voz narrativa, estilísticamente, debe de ser diferente entre autores.
La voz narrativa es a lo que le llamamos “pluma” en redes sociales y es quizá la parte de la identidad que hace que un autor nos guste más o menos.
Siempre ha habido debate acerca de lo ético que es, o no, que existan los escritores fantasma, pero los hemos tenido sin darnos cuenta; a algunos autores, por la velocidad de publicación de sus libros, se les ha acusado de ello desde siempre, como a Stephen King. Mario Vargas Llosa también ha sido ghost para algunos periodistas.
J.K. Rowling escribió thrillers bajo el pseudónimo Robert Galbraith y, de no ser porque ella lo dio a conocer, nadie se habría dado cuenta.
Los escritores fantasmas existen y van a seguir existiendo porque además cumplen la función de redactar cuando alguien no puede o no sabe, pero en el caso de Tracy no se trata de una escritora fantasma a la que le pagaron por mejorar la redacción de un texto.
Uno de mis trabajos es precisamente el de hacer reescrituras para novelas que requieren de ello, así que puedo decir que Tracy Wolff es un producto fabricado, la imagen de la escritora que las editoriales están buscando para el consumo actual.
Con el estilo de marketing editorial que se hace a través de redes como TikTok, es natural que estén priorizando una marca antes que una buena escritora o a una persona ética.
Lynne Freeman es abogada, reside en Alaska y no tiene mucha vida social.
Tracy Wolff tiene un grado en Literatura Inglesa, es profesora y le gusta viajar.
En una de sus entrevistas dijo que le gustaba escribir para inspirar, pero, incluso si esta noticia no se hace mucho eco, siento que ha causado el efecto contrario: estoy convencida de que, aun cuando conserve a muchos lectores, este caso habrá cambiado para siempre la percepción que la comunidad tenía de “sus” libros.
Lastimosamente, no creo que Lynne Freeman pueda ganar una demanda por plagio debido a este vacío entre lo que es un plagio textual y uno creativo.
Las ideas no tienen dueño, se dice, pero lo que sí me queda claro es que ni Liz Pelletier y Stacy Adams, las editoras, ni Emily Sylvan Kim, la agente; ni Entangled ni Macmillan, la editorial y la distribuidora, y mucho menos Universal Studios (también demandado por adquirir los derechos visuales de la saga Crave), van a poder recuperar la imagen pública que muchos sí tenemos de ellos.
Red Tower es el sello de Fourth Wing, que pertenece a Entangled; Entangled se enfrenta ahora a una demanda por traición y plagio, y ha admitido básicamente que fabricó a una autora que 1) no planeó la historia y 2) era consciente de dónde venía la idea original.
Con esas prácticas… Uno nunca sabe.
Cronología de los Eventos:
- En diciembre 8, 2010, Lynne Freeman contrató a Emily Sylvan Kim, Agente Kim
- Ese mismo año firmaron un acuerdo de prioridades, que es un contrato en el que se establece que los derechos y el bienestar de la autora son primordiales y están por encima de los de la agencia
- Ese mismo año, Lynne Freeman entregó la primera versión de la novela Blue Moon Rising
- En 2012, en Anaheim, Agente Kim presentó a Freeman y a Tracy
- En 2013 y según lo que Entangled aceptó, ellos recibieron una copia de Blue Moon Rising
- En 2014, Freeman y Agente Kim terminaron su relación laboral
- Crave, por Tracy Wolff, se publicó el 7 de abril de 2020
- Lynne Freeman leyó Crave en 2021
- Ese mismo año le escribió a Entangled
- En 2022 se dio a conocer la demanda
Discrepancias importantes:
- Al principio, Entangled negó haber leído el manuscrito de Lynne Freeman con el título Blue Moon Rising,
- Tras una confrontación por parte del abogado de Lynne, Entangled admitió haber recibido en 2013 Blue Moon Rising
- Emily Sylvan, la agente Kim, dijo en un email que Blue Moon Rising no necesitaba mucho trabajo
- Para 2013 Lynne Freeman había hecho cientos de modificaciones, escrito notas, diálogos, detalles y otros, todo a petición de Kim
- Freeman escribió alrededor de cuarenta y cinco versiones de Blue Moon Rising
- Kim aseguró que no había mercado para la novela mientras, por otro lado, le pedía a Freeman que escribiera una sinopsis y una introducción
- Entangled admite que Tracy redactó la saga, pero se adjudican la propiedad intelectual de la historia
Fuentes:

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