
El último drama viral de Netflix tuvo buena recepción… y eso fue todo. Las opiniones variaron pero la mayoría se quedó con este sentimiento agridulce de no saber hacia dónde realmente había ido la historia.
Para mí fue un verdadero viaje. De paz y aceptación.
Como una persona que se ha visto obligada a vivir duelos en varias ocasiones, un drama que trata el proceso con tanto amor es algo que merece más que la pena ver.
En un inicio de verdad creí que me iba a costar verlo porque, desde marzo, no he podido ver un drama sin saber que no va a tener un final trágico. En mi defensa, es porque pensé que me iba a costar un montón enfrentar esas cosas en tramas de series incluso, pero Beyond Goodbye es un verdadero healing drama si tuviera que ponerle una etiqueta.
Creo que una de las razones por las que generó sentimientos encontrados fue por la complejidad de las relaciones, sin embargo, en mi opinión no había un vínculo romántico entre los protagonistas. Procedo a desarrollar mi punto.

El Resumen
Saeko y Yusuke se conocen en Hawaii durante un viaje de trabajo que ella hace para visitar a un cafetalero, Hiro, que al principio rechaza su propuesta. Derrotada por el fracaso, Saeko pretende regresar a Japón y, mientras llora apoyada sobre una mesa, Yusuke comienza a tocar el piano.
A partir de entonces, inician una relación que parece haber estado destinada; todos esos días que pasan juntos en Hawaii se sienten para ella como un sueño efímero, algo que sabe que terminará pronto. Ella se considera una mujer práctica y nosotros como espectadores vemos que sí, a menudo se resiste a la idea de permitir que la fe o el azar gobiernen sobre los resultados de su vida, pero en el caso de Yusuke siempre hay algo que la empuja a confiar que están destinados.
Tanto es así que deciden no compartir sus números telefónicos ni averiguar nada del otro, prometiéndose que comenzarán a salir si el destino decide juntarlos… tiempo después, efectivamente se reúnen de nuevo; Yusuke cree que es el destino mientras que Saeko, reacia a creer en esas cosas, decide que es una coincidencia inevitable porque ella trabaja para una compañía que distribuye café artesanal y el mejor amigo de Yusuke es dueño de una cafetería por lo que eventualmente solicita los servicios de ella.
Ahí, Saeko y Yusuke se reencuentran y él le recuerda lo que ella prometió: que sería su novia a partir de entonces.
Aunque no nos enteramos de la longevidad de su relación, es notorio que están enamorados, y es de ese modo hasta el día en el que Yusuke y Saeko salen de paseo, un día helado de invierno en el que, por cierto, Yusuke pensaba pedirle matrimonio a Saeko. Pero sus planes se ven truncados por un desventurado y aparatoso accidente que sufre el bus en el que están viajando y en el que Yusuke pierde la vida.
Lo último que sabemos de esta escena que abre la historia, es que Saeko recibió su argolla de compromiso y que Yusuke se convirtió en donador de órganos, siendo su corazón el que recibe el coprotagonista de Beyond Goodbye, Naruse.

El conflicto
A través de un cristal empañado por el viento frío, Naruse contempla con tristeza los que son quizá sus últimos días de vida. Su esposa, que lo cuida de una manera cálida y amorosa, alterna su vida entre el trabajo y el hospital, y es estando fuera de este que se entera de que finalmente hay un corazón disponible para su esposo.
La relación de Naruse con su esposa comenzó un día que ella lo invitó a salir, señalando que sería una cita con intenciones matrimoniales. Al principio en shock, Naruse dice que quizá aquello no sea una buena idea, y procede a discutir sus circunstancias.
Naruse se describe a sí mismo como un hombre frágil, que come como un infante e incapaz de divertirse. Nunca ha viajado ni tomado riesgos y aunque le gustaría es probable que su corazón no resista las emociones de una vida plena.
A este respecto, Miki lo consuela diciendo que ella tendrá corazón para ambos.

Con escenas largas en torno a la vida cotidiana de Naruse y Miki y con sus interacciones como pareja, el director de BG nos proyecta cómo esta relación no es apasionada y que el amor que los une es pacífico y tan lento como un día en los huertos de manzana. «Señorita Manzana» es el apodo cariñoso con el que le llama Naruse a su esposa, a quien sabemos que ama con cariño tierno y con la honestidad de una persona que sabe que tiene los días contados:
«Amo a mi esposa y así será hasta el final», dice Naruse a Kengo cuando se entera de que su cuerpo ha rechazado el trasplante.
Kengo, el mejor amigo del fallecido Yusuke, no le facilita las cosas a Naruse y le pide que vuelva a su vida, pero ya es tarde: Naruse y Saeko coincidieron y, por alguna razón, Naruse tiene las memorias de Yusuke, por lo que trata de impedir que Saeko se marche de Japón.

Cuando esto sucede, Miki ya es consciente de que su esposo cambió, de que algo sucedió y, anegada en lágrimas, dice a Saeko cuando la confronta: «una infidelidad hubiera sido menos dolorosa».
Lo que nos deja pensando… si no era una infidelidad, ¿qué fue lo que sucedió entre Saeko y Naruse mientras él estuvo vivo, con el corazón de Yusuke latiendo en el pecho?
¿Fue por Yusuke?
¿Se enamoraron?
¿Qué cosa los unía y por qué se despidieron con una sonrisa y no con un final apasionado, sabiendo que el verdadero final estaba cerca?
Una de los aspectos cinematográficos de mayor presencia en el drama, es el color azul. Vemos a Saeko vestir constantemente al menos con una prenda; y ya sea en el ambiente, en las casas o en los personajes, el azul está siempre recordándonos que el corazón de todos está en recuperación.
Aun cuando Saeko nunca deja de sonreír, en los detalles pequeños. como en aquellas cosas que compartía con Yusuke, toda su persona está embargada completamente por el duelo.
En otros trabajos del director, las mismas tomas, las mismas composiciones y el mismo uso del color azul, imprimen un aura místico y trata de comunicar una especie de conexión entre quienes están rodeados de ella.
Naruse y Saeko conectan primero a través de las memorias de Yusuke, pero alrededor del capítulo seis, Saeko deja de notar los detalles que eran parte de Yusuke, y pasa a contemplar con tranquilidad y expectación, los modales tiernos de Naruse, nunca sin estar conflictuada.
Para el director y el guionista de BG, que antes trabajaron juntos en Hiyokko, hay cosas que eran prioridad a la hora de contar una historia sobre pérdida y el arte de dejar ir; si me preguntan a mí, es un drama sobre la vida y la muerte y el momento exacto en el que ambos conectan: el duelo.
Ya es una marca del cine japonés hacer representaciones místicas, muy de su cultura, para darle voz a emociones que no se pueden explicar; por eso ni Kengo ni Miki pueden hablar de lo que realmente sucede.
Los personajes hacen su vida como tendría que hacerlo cualquiera a pesar de lo que pueda doler perder a alguien… o en el caso de Miki, tener la conciencia de que pronto vas a perderle.
Además, Saeko no es la única que está haciendo un duelo: Yusuke es un personaje vivo en la historia que salta de un lado a otro como un pacificador, así que de cierto modo nosotros también lo perdimos. Lo vamos a ver en cada sonrisa de Naruse y en la manera en la que Saeko lo busca en la mirada de este, esperando que además de su órgano latiente su espíritu también esté vivo de alguna manera, como un ángel, dice ella.
Pero no se trata de algo fantasmal para nada, sino de un fenómeno que ha ocurrido a varios pacientes que han sido receptores de corazones de trasplante; hay un médico que aseguró que el corazón tenía su propia memoria celular, y esto le hace recordar las emociones que provocaban los olores, las imágenes y los sabores del donante.

Naruse lo interpreta como un regalo, y el guión hila una historia de agradecimiento pero también de tristeza y culpa: psicológicamente, es natural que una persona que recibió un trasplante, se sienta en deuda con la familia del donante, de ahí que las asociaciones tengan estos mecanismos de comunicación privada para que el receptor pueda agradecer a la familia del donante sin que se tengan que conocer en persona.
Con la presencia de esas casualidades extrañes, pero no tanto, Naruse y Saeko se conocen en un día común de trabajo mientras ambos viajan en un tren de asientos azules; cuando sufre un desperfecto, el maquinista se ve obligado a pedirles una espera de un par de horas a los pasajeros y, para amortiguar la impaciencia, Naruse decide hacer café.
Esta es la primera interacción que ambos tienen. Naruse comenta a Saeko la importancia de no tomarse algunas cosas como malas y detenerse a mirar lo maravilloso del entorno; Saeko reconoce de inmediato el tono y la calidez de aquello y se aparta pensando que es su dolor hablando.

Luego, se disculpa con Naruse y es la primera vez que hace mención de su novio, pero no hablan de la muerte ni del trasplante hasta mucho más adelante, cuando su conexión se ha fortalecido.
Sobre Naruse, Saeko dice que es un buen hombre, y una vez que averigua que fue él quien recibió el corazón de Yusuke, está decidida a continuar viéndolo.
Este drama no retrata conflictos innovadores, pero sí se detiene a observar lo cotidiano y los detalles normales de la vida común, como de la gente yendo y viniendo al trabajo, ajenos a lo que Naruse está atravesando.
Saeko lleva una de esas vidas normales, y cada tanto asiste al café de Kengo. Hay de hecho más escenas de Yusuke y Saeko que de ella compartiendo con otro personaje, y ni siquiera en el momento en el que ella y Naruse intentan dar un salto a lo romántico, se percibe que las cosas cambien.
Para Naruse, es como si el camino fuera de percepción: él mismo señala que nunca tuvo oportunidad de vivir, de vivir bien, así que esta es su segunda oportunidad; el hecho de que decidiera llevar a cabo el trasplante, también estuvo conectado a esta necesidad suya de vivir (curiosamente, tras ver a Yusuke bailar debajo de la lluvia).
“El mundo es aburrido sin ti”, Yusuke le inyectaba vida a todo lo que tocaba. De él aprendemos que dejar ir está bien y es necesario; lo que es nuestro regresa, lo que ya cumplió su ciclo debe irse.
Hiro, el cafetalero que perdió a su esposa, señala que nunca se deja de pensar en las personas a las que les dices adiós e increpa a Saeko a seguir adelante, diciéndole:
Al contrario de los autos, los humanos no estamos hechos para caminar hacia atrás.
A estas alturas, el mensaje de BG es claro: deja ir a las personas que amas.
Si estamos con Yusuke, entendemos por qué se amaban; Saeko necesitaba la libertad de poder confiar en alguien; era la misma relación del café, algo que menciona cuando explica quiénes son las personas que trabajan con ella.
«Gente salvada por el café», señala, y lo notamos en cada toma en la que el café es el protagonista; para Naruse el café fue el símbolo del comienzo de su nueva vida. Cuando vuelve a casa, es la primera bebida en la que piensa.
Yusuke simbolizaba la vida de todas las maneras posibles, incluso estando muerto.

El arte de dejar ir
Empezar a vivir para Naruse fue correr y jugar con los niños, beber algo que siempre le había estado prohibido, demostrar deseo y pasión por alguien; cargar en su espalda a una mujer, saltarse un día de trabajo por mero placer y no porque estuviera enfermo.
El corazón que había recibido de Yusuke era su oportunidad de salvarse. No se trataba de enamorarse de Saeko, ni de que Miki y Saeko compartieran a un hombre o se conflictuaran por él; se trataba de compartir el dolor, de no estar solos en esos momentos y de sonreír.
Muchas veces no somos capaces de expresar condolencias cuando lo creemos necesario, pero incluso si no tenemos palabras, compartimos momentos; compartimos el dolor con la persona y llevamos la mitad de la carga.
“Estaba pensando en alguien que me debiera algo”, le dijo Miki a Saeko un año después de la muerte de Naruse. “Quiero verte todos los años”, es el último diálogo de la serie, que viene precisamente de la persona que tuvo que ser más valiente en el drama.

Miki se casó con Naruse sabiendo de sus limitaciones (sabiendo además que la vida marital sería compleja); permaneció a su lado incondicionalmente, lo cuidó con devoción y cuando estuvo sano, creyendo que debía dejarlo ir, lo hizo.
Para Miki el proceso de duelo fue implícito porque tenía a su esposo frente a ella, aparentemente con una nueva oportunidad, pero era como si lo estuviera perdiendo día a día; le habían cambiado al esposo por un hombre que corría, sonreía con el sol y bebía café sin agitarse.
El corazón de Yusuke fue funcional en el cuerpo de Naruse, el tiempo suficiente para que todos vivieran el proceso; porque el duelo es el único momento en el que lo efímero se conecta con lo eterno; tenemos los pies en la tierra pero la mano sostenida de alguien que ya no está en este plano.
Esto es lo que asusta a Saeko cuando besa a Naruse y comparten ese momento torpe pero ansioso, y entonces decide renunciar a él, es decir, dejarlo ir:
No volveré a verte nunca. Esto es demasiado difícil para mí, de muchas formas. Voy a ser sincera contigo. Cada vez me siento más confundida. Con esta relación. En toda mi vida, nunca amé a nadie tanto como a Yusuke, lo amaba mucho. Incluso hoy, lo sigo amando. El Yusuke que falleció y yo amé sigue vivo dentro de ti. No sólo está vivo; sino que su alma, sus recuerdos, siguen presentes. Yusuke vive, no hay duda. Y por eso quiero verlo. Por supuesto que sí. Después de todo, está ahí. Pero… Mi mente es un caos ahora. ¿Quiero ver a Yusuke o a ti? ¿Me gusta Yusuke o me gustas tú? Nos besamos y casi tuvimos sexo, pero al final no pudimos. Perdóname… Pero siento que no puedo seguir así. No puedo más. No quiero convertirme en una mala persona. Si seguimos con esto, querré estar contigo para siempre. Y no me parece correcto. Al fin y al cabo, tienes una familia. Lo que menos quisiera es destruir eso. Pero luego me pregunto qué piensas. Qué sientes por mí. ¿Eres bueno conmigo porque eres Yusuke o porque eres Naruse? Cuando pienso en tus sentimientos y no en los de Yusuke, siento que me vuelvo loca. Mi mente se apaga cuando se sobrecarga. Y, para colmo, me topé con un oso. Hasta que llegué aquí… tenía planeado mentirte. Amo a Yusuke, pero no te amo a ti, así que no volveremos a vernos. Planeaba decirte eso. Y alejarme. Pero estaría mintiendo. Y no quiero mentirte, Naruse. Nuestra relación fue extraña, pero nos divertimos y estoy agradecida por eso. No quiero que nuestros momentos se conviertan en una mentira.

A todo esto, en esa escena, Saeko no llevaba ninguna prenda azul. Para este capítulo en realidad alterna; a veces viste con colores cálidos y primaverales, y otros vuelve a los tonos fríos, los del invierno.
Cuando Naruse la carga en su espalda, él le pregunta, como hacía siempre, si eso también lo había hecho Yusuke por ella; Saeko lo pensó y, aunque dijo no recordar, más bien, se guarda para ella que Yusuke prefería caminar descalzo a su lado. Esos eran los momentos que la confundían.
En otros, Naruse aparecía frente a ella como envuelto en luz, mitad humano mitad fantasma, sólo para recordarle algunas cosas que Yusuke seguramente no quería que olvidara. Por ejemplo, que sonriera.

Saeko dice no saber qué habían sido las primeras notas que Yusuke tocó en el aeropuerto cuando se conocieron, pero por fortuna, Naruse lo recuerda; tocar el piano era una de las habilidades que había obtenido con el trasplante, así que cuando se están despidiendo, le muestra las teclas en las que Yusuke tecleó: “Sonríe”.
Las memorias de Yusuke se van después de que Naruse la mira a los ojos, nosotros sabemos que será la última vez, y le pide que a pesar de todo, sonría.
En su última escena, lo vemos en paz, con una manzana en la mano, y la luz del sol en el rostro.

Deja un comentario